
"-¿Qué tiene para comer? -preguntó el muchacho.
- Una cazuela de arroz amarillo con pescado. ¿Quieres un poco?
- No comeré en casa. ¿Quiere que le encienda la candela?
- No. Yo la encenderé luego. O quizá coma el arroz frío.
- ¿Puedo llevarme la atarraya?
- Desde luego.
No había ninguna atarraya. El muchacho recordaba que la había vendido. Pero todos los días pasaban por esta ficción. No había ninguna cazuela de arroz amarillo con pescado, y el muchacho lo sabía igualmente."
Ernest Hemingway, El viejo y el mar.
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