lunes, 11 de octubre de 2010

Más allá de la causalidad








"Dos seres solitarios, melancólicos, un hombre y una mujer, se encuentran en la casa de campo de Lévina. Se gustan el uno al otro y desean, secretamente unir sus vidas. No esperan más que la oportunidad de encontrarse a solas un momento para decírselo. Por fin, un día, se encuentran sin testigos en un bosque a donde han ido a buscar setas. Turbados guardan silencio, sabiendo que ha llegado el momento y que no deben dejarlo escapar. Después de un largo silencio, la mujer, de pronto, "contra su voluntad, inesperadamente", empieza a hablar de setas. Luego se produce otro silencio, el hombre busca las palabras para su declaración pero, en lugar de hablar de amor, "debido a un impulso inesperado", también él se pone a hablar de setas. En el camino de vuelta sigue hablando de setas, impotentes y desesperados, ya que nunca, los saben muy bien, nunca se hablarán de amor.
Ya de regreso, el hombre se dice que no le ha hablado de amor por culpa de su mujer muerta, cuyo recuerdo no puede traicionar. Pero nosotros sabemos perfectamente: es una falsa razón que el invoca para consolarse. ¿Consolarse? Sí. Pues uno se resigna a perder un amor si existe una razón. Pero no nos perdonaremos nunca el haberlo perdido sin razón alguna.
Este pequeño episodio tan hermoso es como la parábola de Ana Karenina: la puesta en evidencia del aspecto a-causal, incalculable, hasta misterioso de la acción humana."

Milan Kundera, El arte de la novela. (Pdf)



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