martes, 12 de octubre de 2010

Era difícil








"Desde hacía años, Michel llevaba una vida puramente intelectual. Los sentimientos que constituyen la existencia humana no era su tema de observación; los conocía mal. La vida cotidiana podía organizarse con perfecta precisión; las cajeras del supermercado respondían a su breve saludo. Hacía diez años que vivía en el edificio, y había habido mucho movimiento. A veces se formaba una pareja. Entonces observaba la mudanza; los amigos transportaban cajas y lámparas por la escalera. Eran jóvenes y a veces se reían. A menudo (pero no siempre), cuando se separaban, los dos se mudaban a la vez. Entonces se quedaba un apartamento libre. ¿Qué pensar? ¿Cómo interpretar todos aquellos comportamientos? Era difícil.
Él sólo quería amar; al menos no pedía nada. Nada concreto. La vida, pensaba Michel, tenía que ser algo sencillo; algo que pudiera vivirse como un conjunto de pequeños ritos, indefinidamente repetidos. Ritos al fin y al cabo un poco estúpidos, pero en los que, en el fondo, se pudiera creer. Una vida sin apuestas y sin dramas. Pero la vida de los hombres no estaba organizada así. A veces salía, observaba a los adolescentes y los edificios. Una cosa era segura: nadie sabía ya cómo vivir. Bueno, estaba exagerando: algunos parecían movilizados, como si los arrastrara una causa; su vida parecía cargada de sentido. Los militantes de Act Up, por ejemplo, creían importante que pusieran ciertos anuncios en la tele que otros consideraban pornográficos, en los que se veían diversas prácticas homosexuales filmadas en primer plano. Por lo general, su vida parecía agradable y activa, salpicada de acontecimientos variados. Tenían muchos amantes, se daban por culo en los backrooms. A veces los preservativos resbalaban o se rompían. Entonces se morían de sida; pero también esa muerte tenía un sentido militante y digno. Por otra parte la televisión, sobre todo el primer canal, daba una lección permanente de dignidad. De adolescente, Michel creía que el sufrimiento otorgaba al hombre una dignidad adicional. Ahora tenía que reconocer que estaba equivocado. Lo que otorgaba al hombre una dignidad adicional era la televisión."

Michel Houellebecq, Las partículas elementales.(Pdf)



No hay comentarios:

Publicar un comentario