- ¿Y lo escribe usted para sus hijos? ¿como una crónica de la familia?
Sonrió amargamente:
- A mis hijos no les interesaría. Lo escribo como un libro. Creo que podría servirle de ayuda a mucha gente.
La conversación con el taxista me esclareció de repente la esencia de la actividad literaria. Escribimos libros porque nuestros hijos no se interesan por nosotros. Nos dirigimos a un mundo anónimo porque nuestra mujer se tapa los oídos cuando le hablamos.
Milan Kundera, El libro de la risa y el olvido.

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