Los verdaderos solitarios no están, esquivos, en
las salas oscuras de los cines
ni en el rincón del último bar.
Los verdaderos solitarios gritan a todo pulmón,
bailan sin rubor,
se dejan entrevistar, hacen públicos sus amores
recitan sus desdichas.
Son
de la soledad, su escándalo.
Leonardo Padrón
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