jueves, 15 de julio de 2010

Pareces un disco rayado






"Pareces un disco rayado", recuerdo que  me dijo de pronto aquel día (luego supe coincidiendo con la entrada de mi padre en casa), "tanto llenarte la boca con París y París, ¿pero se puede saber qué le encuentras a París?" Aunque sorprendido, recuerdo que estuve a punto de decirle que recorría las calles de aquella ciudad con el corazón aturdido por la tristeza. Pero no me atreví a decir nada. "Es una desgracia para mí", continuó mi madre, "ver que mi hijo se ha vuelto un disco rayado." Se quedó callada de golpe. Cuando eso pasaba, era el anuncio de que podía acabar diciendo alguna frase excéntrica, alguna de esas frases que había aprendido en París y que muchas veces estaban cargadas de una extraña genialidad. Como ocurrió aquel día cuando me dijo: "Tanto París y París, pareces un disco rayado en una ciudad que... está llena de rayas. Mira la Tour Eiffel, no es más que rayas. Rayas en los pantalones de los señorones franceses, rayas en la frente de las porteras, rayas y rayas. Y tú el disco rayado mayor del reino. Deberías reconsiderar la vida rayada que llevas."
Mi madre fue una mujer de curiosas intuiciones y extrañas genialidades. Lo que desde hace un tiempo más me impresiona de sus frases de aquel día sobre París y las rayas es que éstas guardan una curiosa coincidencia con algo que escribió Kafka y que descubrí no hace mucho y que desde luego mi madre no pudo leer nunca, entre otras cosas porque nunca leía y yo creo que ni tan siquiera llegó a saber de la existencia de Kafka, el extraño pasajero del siglo XX, el hombre que vio un París parecido al que vio mi madre y escribió en sus diarios: "El París rayado (...) el techo rayado de cristal del Grand Palais des Arts, las ventanas divididas por rayas de las oficinas, la Tour Eiffel, hecha de rayas, el efecto rayado de los listones laterales y centrales de las puertas de los balcones de enfrente de nuestras ventanas, las pequeñas butacas al are libre y las mesitas de los cafés, con patas que son rayas, las rejas con punta dorada de los parques públicos."

Enrique Vila-Matas, París no se acaba nunca.



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