martes, 8 de junio de 2010

Tranquilo y confiado






"Cuando tomo, me acuerdo de ella [...] Después, al quinto o sexto vaso, empiezo a olvidarla. Y por fin, quedo yo solo flotando en el aire con las vacas muertas y los trenes que pasan por adentro de mi cabeza. Yo la amaba y ella me amaba a mí. Pero yo la celaba y la volvía loca con mis reproches.
-¡Lo miraste! ¡Miraste a ese hombre!
-Te voy a pedir un favor para que nunca más dudes de mi amor. Arráncame los ojos. 
Le hice caso. Y comprendí cuánto me quería. [...]
-¡Le tocaste! ¡Tocaste a ese desconocido!
-Otra vez dudás de mi amor. Te propongo una cosa: cortame los brazos.
¿Usted cree que después de mutilarla nuevamente me sentí mejor? Ja, ja, ja. 
-Hace noches que no dormís, ¿qué te pasa? 
-Tengo miedo. Miedo de que te vayas detrás de otro hombre, ¿entendés?
-No quiero que sufras. Cortame las piernas. 
Lo hice y me sentí seguro. Y empecé a salir de casa todas as noches, tranquilo y confiado. Sabía que tardara lo que tardara, ella estaría esperándome."

 Carlos Trillo y Alberto Breccia, Buscavidas.



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