lunes, 14 de junio de 2010

Rima LXIV





Como guarda el avaro su tesoro,
guardaba mi dolor;
le quería probar que hay algo eterno
a la que eterno me juró su amor,

Mas hoy le llamo en vano y oigo al tiempo
que le acabó, decir:
 ¡Ah, barro miserable, eternamente 
no podrás ni aun sufrir!

Gustavo Adolfo Bécquer





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