lunes, 7 de junio de 2010

La ciudad era un pozo innumerable





A LAS PUERTAS DE LA CIUDAD

A las puertas de la ciudad fui apresado por una extraña aglomeración.
Miles y miles de carniceros, el arma en alto, esperaban al primer bebé que llegara hasta ellos.
Unos cocheros en carruaje (se oía por todas partes el ruido de las ruedas sobre los adoquines), unos cocheros conducían hacia ellos a esos niñitos.
¡Y circulaban! ¡Oh, cómo circulaban! Sin embargo, ninguno llegaba hasta aquí.
Supongo que había caídas.
La ciudad era un pozo innumerable.

Henri Michaux.





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