jueves, 24 de junio de 2010

Hasta que llegue el peor






En la primera juventud nos vemos colocados ante el destino que va a abrírsenos, como los niños delante del telón de un teatro, con la espera alegre e impaciente de las cosas que van a pasar en el escenario. Es una dicha que nada podamos saber de antemano. Para aquel que sabe lo que ha de pasar en realidad, los niños son inocentes condenados, no a muerte, sino a la vida, y que, sin embargo, no conocen aún el contenido de su sentencia. Pero no por eso desea menos cada cual una edad avanzada para sí, es decir, un estado que pudiera expresarse de este modo: «El día de hoy es malo, y cada día será más malo, hasta que llegue el peor.»

Arthur Schopenhauer, El amor las mujeres y la muerte (Pdf)



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