martes, 8 de junio de 2010

Goliadkin






"—Señores, voy a decirles algo, como amigo —conti­nuó nuestro héroe tras breve pausa, como resuelto a sin­cerarse por fin con los jóvenes—. Todos ustedes, seño­res, me conocen, pero sólo han conocido hasta ahora una de mis facetas. No hay por qué culpar a nadie de ello, y hasta cierto punto yo mismo tengo la culpa —el señor Goliadkin frunció los labios y miró con intención a los escribientes.
Estos cambiaron guiños.
—Hasta ahora, señores, no me han conocido ustedes. No es éste el lugar ni la ocasión de explicarlo. Sólo les diré algo de pasada. Hay personas, señores, que no gustan de rodeos y se disfrazan sólo para ir a un baile de disfra­ces. Hay personas que no ven qué mérito tiene el que un hombre sepa hacer reverencias. Hay también personas, señores, que no dirán que son felices y gozan plenamente de la vida porque, por ejemplo, les sientan bien los pan­talones. Y, por último, hay personas que no gustan de hacer cabriolas ni girar como peonzas sin tener por qué, que no gustan de adular ni hacer arrumacos y, sobre todo, de meter las narices donde no les importa... Yo ya he dicho casi todo, señores. Ahora, con su permiso, me voy..."

F. M. Dostoyevski, El doble (Doc)


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