domingo, 13 de junio de 2010

Eso es lo mismo que me pasa a mí, yo...





"Tamina sirve el café y el calvados de los clientes (no son muchos, la taberna está sistemáticamente semivacía) y vuelve a situarse tras la barra del bar. En la banqueta del bar casi siempre hay alguien que quiere charlar  con ella. Todos la quieren. Y es que Tamina sabe escuchar lo que la gente le cuenta.
¿Pero escucha de verdad? ¿o sólo mira atentamente en silencio? No lo sé y ni siquiera es tan importante. Lo importante es que no les interrumpe. Ya saben ustedes lo que ocurre cuando dos personas están charlando. Uno le habla y otro le interrumpe. Eso es lo mismo que me pasa a mí, yo... y comienza a hablar de sí mismo hasta que el otro logre de nuevo decir : eso es lo mismo que me pasa a mí, yo... La frase "eso es lo mismo que  me pasa a mí yo..." parece como si continuase los pensamientos del otro, pero eso es falso; en realidad se trata de una rebelión brutal contra una brutal violencia, de un intento de liberar de la esclavitud la propia oreja y ocupar la oreja del contrario. Porque toda la vida del hombre entre la gente no es más que una lucha por la oreja ajena. Todo el secreto de la simpatía que despierta Tamina consiste en que no desea hablar de sí misma. Acepta a los ocupantes de su oreja sin resistencia y nunca dice: "eso es lo mismo que me pasa a mí, yo..."

Milan Kundera, El libro de la risa y el olvido.



No hay comentarios:

Publicar un comentario