lunes, 7 de junio de 2010

Como una grúa deposita un fardo sobre un camión


     


"Y así se convirtió Eduard en maestro de una pequeña ciudad checa. Aquello no le producía ni pena ni satisfacción. Siempre había procurado diferenciar lo serio de lo no serio, y a su carrera pedagógica la incluía en la categoría de lo no serio. No se trata de que la enseñanza no fuera para él seria en sí misma o con respecto a su manutención (en este sentido, por el contrario, le importaba mucho, porque sabía que era su único medio de subsistencia), pero no la consideraba seria en relación con su esencia. No la había elegi do. Se la habían elegido la demanda social, el curriculum, las notas del bachillerato, los exámenes de ingreso. La maquinaria compuesta por todas esas fuerzas lo había depositado al salir del Instituto (como una grúa deposita un fardo sobre un camión) en la Facultad de Pedagogía. Fue a aquella Facultad a disgusto (había quedado señalada por el fracaso de su hermano) pero al final se resignó. Comprendió, sin embargo, que su trabajo iba a ser una de las casualidades de su vida. Que iba a estar pegado a él como una barba falsa, que produce risa.
     Pero cuando las obligaciones no son algo serio (producen risa), lo serio es quizás aquello que no es obligatorio..."

Milan Kundera, El libro de los amores ridículos. (pdf)



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