jueves, 10 de junio de 2010

Atravesando una distancia de muchos años





"—¡No la había reconocido! —se disculpó, pero fue una disculpa tonta porque de un salto habían ido a parar a un tema del que hubiera sido mejor no hablar: no se veían desde hacía quince años y durante aquel período ambos habían envejecido.
—¿Tanto he cambiado? —le preguntó ella y él le respondió que no y, aunque era mentira, no era del todo mentira, porque aquella ligera sonrisa (que expresaba recatada y moderadamente una especie de eterna capacidad de entusiasmo) llegaba hasta aquí atravesando una distancia de muchos años sin haber cambiado para nada y lo dejaba confuso: le recordaba con tal precisión el aspecto que había tenido esta mujer que tuvo que hacer cierto esfuerzo para no percibir la sonrisa y verla a ella tal como era en este momento: era ya casi una mujer vieja."

Milan Kundera, El libro de los amores ridículos. (pdf)




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