lunes, 10 de mayo de 2010

Un bloque de espacio en forma de hombre





"Había estado ausente incluso antes de su muerte y hacía tiempo que la gente que lo rodeaba había aprendido a aceptar su ausencia, a tomarla como una cualidad inherente a su personalidad. Ahora que se había ido, no sería difícil hacerse a la idea de que su ausencia sería definitiva. La naturaleza de su vida había preparado al mundo para su muerte -una especie de muerte prevista-, y cuando lo recordaran, si es que alguien lo hacía, sería de una forma imprecisa, sólo imprecisa.

Incapaz de cualquier sentimiento de pasión, ya fuera por una cosa, una idea o una persona, no había podido o no había querido mostrarse a sí mismo bajo ninguna circunstancia y se las había ingeniado para mantenerse a cierta distancia de la vida, para evitar sumergirse en el torbellino de las cosas. Comía, iba a trabajar, tenía amigos, jugaba al tenis; pero a pesar de todo no estaba allí.
Era un hombre invisible, en el sentido más profundo e inexorable de la palabra. Invisible para los demás, y muy probablemente para sí mismo. Si cuando estaba vivo no hice otra cosa que buscarlo, intentar encontrar al padre que no estaba, ahora que está muerto siento que debo seguir con esa búsqueda. Su muerte no ha cambiado nada; la única diferencia es que me he quedado sin tiempo.
Había vivido solo durante quince años, una vida tenaz y opaca, como si fuera inmune al mundo. No parecía un hombre que ocupaba un espacio, sino más bien un bloque impenetrable de espacio en forma de hombre. El mundo rebotaba contra él, se estrellaba en él y a veces se adhería a él; pero nunca logró atravesarlo. Durante quince años vivió como un fantasma, absolutamente solo, en una casa enorme, la misma casa donde murió."

"La capacidad de evasión de mi padre era casi ilimitada. Dado que el ámbito del otro era irreal para él, hacía sus incursiones en el con la parte de sí mismo que él consideraba igualmente irreal, su otro yo, al que había entrenado como actor para representarse a sí mismo en la frívola comedia universal. Este yo sustituto era en esencia una broma, un niño hiperactivo, un fabricante de historias fantásticas, incapaz de tomar nada en serio."

" En cuanto se sentía obligado a revelar una parte de sí mismo, salía del escollo contando una mentira. Al final, las mentiras le salían de forma automática y mentía por mentir. Su principio era decir lo menos posible; de ese modo si la gente descubría la verdad sobre él, no podría usarla en su contra más tarde. Sus engaños eran una forma de comprar protección. Por lo tanto, lo que la gente tenía ante sí no era realmente él, sino un personaje que había inventado, una criatura artificial que manipulaba para a su vez poder manipular a otros. Él mismo permanecía invisible, como un titiritero que maneja los hilos de su alter-ego desde un escondite oscuro y solitario detrás de las cortinas."

"No fumaba ni bebía. No demostraba hambre por los placeres sensuales ni sed por los intelectuales. Los libros lo aburrían, y eran muy raras las películas u obras de teatro que no le dieran sueño. Incluso cuando asistía a fiestas era evidente que hacía grandes esfuerzos por mantener los ojos abiertos. Casi siempre acababa sucumbiendo y se quedaba dormido en un sillón mientras la conversación continuaba a su alrededor. Un hombre sin apetitos. Daba la impresión de que ningún hecho podía alterar su vida, de que no necesitaba nada de lo que el mundo pudiera ofrecerle."

"Jamás fue capaz de encontrarse donde estaba en realidad; durante toda su vida estuvo en otro sitio, entre aquí y allí. Pero nunca realmente aquí y nunca realmente allí."

"Supongo que es imposible entrar en la soledad de otro. Sólo podemos conocer un poco a otro ser humano, si es que esto es posible, en la medida en que él se quiera dar a conocer. Un hombre dirá: "tengo frío", o temblará, y de cualquiera de las dos formas sabremos que tiene frío. Pero ¿qué pasa con el hombre que ni dice nada ni tiembla? Cuando alguien es inescrutable, cuando es hermético y evasivo, uno no puede hacer otra cosa que observar; pero de ahí a sacar algo en limpio de lo que observa hay un gran trecho.
No quiero dar nada por sentado.
Él nunca hablaba de sí mismo, nunca parecía que hubiera nada de lo cual pudiera hablar. Era como si su vida interior lo eludiera incluso a él."

"Era de una neutralidad tan implacable, su conducta era tan absolutamente predecible, que todo lo que hacía resultaba sorprendente. Uno no podía creer que existiera un hombre así, sin sentimientos, que esperara tan poco de los demás. Pero si no existía ese hombre, entonces había otro, un individuo oculto tras aquel que no estaba allí, y el asunto es encontrarlo. Siempre y cuando esté ahí para que uno lo encuentre.
Desde el principio reconozco que este proyecto está destinado al fracaso."

"Una y otra vez a lo largo de su vida chocaba con algo de frente, meneaba la cabeza y luego daba media vuelta negando su presencia allí. Esa actitud hacía que el diálogo con él fuera casi imposible. Cuando creías que habías logrado pisar un terreno común, él sacaba su pala y comenzaba a cavar debajo de tus propios pies."

"A menudo daba la impresión de que había perdido la concentración, de que olvidaba dónde estaba, como si careciera de un sentido de continuidad. Eso lo hacía propenso a sufrir accidentes: acababa con una uña negra cada vez que usaba el martillo y tenía multitud de pequeños percances con el coche.
Su forma de hablar, como si hiciera un enorme esfuerzo para escapar de su soledad o como si su voz estuviera oxidada porque hubiera perdido el hábito de hablar. Siempre tosía o titubeaba antes de decir algo, se aclaraba la garganta, parecía balbucear en mitad de una frase. Uno advertía, sin lugar a dudas, que se sentía incómodo.
Cuando era pequeño me encantaba verlo firmar. No se limitaba a poner el papel delante y escribir sino que, como si demorara de forma inconsciente el momento de la verdad, antes de escribir hacía un floreo preliminar, un movimiento circular a unos centímetros de distancia del papel, como una mosca que zumba en el aire y centra su puntería sobre un lugar exacto. Era una versión similar a la forma de firmar del Norton de Art Carney en The Honeymooners.
Incluso pronunciaba las palabras de una forma algo extraña: arrrriba, en lugar de simplemente arriba, como si el florido movimiento de su mano tuviera un símil en su voz. Sonaba de una forma musical y graciosa. Cuando atendía el teléfono lo hacía con un melodioso «holaaa». El efecto no era cómico, sino encantador. Lo hacía parecer un poco loco, como si estuviera fuera de órbita con respecto al resto del mundo, pero no demasiado. Sólo un grado o dos."

"Rara vez tenía enojos de este tipo, sólo cuando se sentía amenazado, atacado, agobiado por la presencia de otros. Las cuestiones de dinero también podían afectarle de ese modo, o pequeños detalles como el de las persianas, un plato roto, cualquier nimiedad.
Sin embargo yo creo que esa ira estaba siempre en su interior. Como el interior de la casa que a pesar de su orden se estaba viniendo abajo, el hombre parecía sereno, con una calma casi sobrehumana, y aun así era presa de una turbulenta e incontenible furia. Toda su vida luchó por evitar una confrontación con aquella fuerza, asumiendo una especie de conducta automática que le permitía pasar junto a ella sin rozarla. La seguridad de las rutinas fijas, inamovibles, lo liberaban de la necesidad de enfrentarse a sí mismo a la hora de tomar decisiones; siempre tenía un cliché a punto («Hermoso bebé. Que tengáis suerte con él»), en lugar de palabras que él mismo hubiera buscado o creado. Todo esto le daba una personalidad algo anodina, pero, al mismo tiempo, era lo que lo salvaba, lo que le permitía vivir. En la medida, evidentemente, en que era capaz de hacerlo."

"Levantarse temprano cada mañana, volver tarde por la noche y entremedias trabajo, sólo trabajo. Trabajo era el nombre del país donde vivía y él era uno de sus patriotas más grandes, lo cual no significa, sin embargo, que para él trabajar fuera un placer. Trabajaba duro porque quería ganar todo el dinero posible. El trabajo era un medio para un fin, un medio para obtener dinero; aunque el fin tampoco era algo que le ofreciera placer. Tal como escribió Marx en su juventud, «si el dinero es el vínculo que me une a la vida, que me une a la sociedad, que me une a la naturaleza y al hombre, entonces, ¿no es el dinero el más grande de todos los vínculos? ¿No es, por lo tanto, el agente universal de separación?».
Toda su vida soñó con ser un millonario, con ser el hombre más rico del mundo. En realidad no era dinero lo que quería, sino lo que éste representaba: no sólo éxito a los ojos del mundo, sino una forma de hacerse inalcanzable. Tener dinero significa algo más que poder comprar cosas, significa que nada en el mundo puede afectarte. En ese caso el dinero es un medio de protección, no de placer. Había vivido en la pobreza en su infancia, sintiéndose vulnerable a los caprichos del mundo; por lo tanto la idea de la riqueza para él era sinónimo de la idea de huida del peligro, del sufrimiento, del papel de víctima. No intentaba comprar la felicidad, sino simplemente la ausencia de infelicidad. El dinero era la panacea de todos los males, la representación material de sus más profundos e inexpresables deseos como ser humano. No quería gastarlo, quería tenerlo, saber que estaba ahí. El dinero para él no era un elixir, sino un antídoto: el pequeño frasco de medicina que uno lleva consigo en el bolsillo cuando se mete en la jungla, sólo si lo pica una serpiente venenosa."

Paul Auster, La invención de la soledad (Pdf)


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