jueves, 13 de mayo de 2010

Teoría del observador





"¿Cómo da razón el observador de sí mismo? No se trata de una noción  fácil de resumir. Von Foerster presenta el problema con el siguiente acertijo:

ESTA FRASE TIENE_______ LETRAS

Nos pide que insertemos la palabra perdida, es decir, que deletreemos el nombre de número que dé cuenta con exactitud de todas las letras que hay en la frase, incluyendo las letras de la palabra perdida.
Sólo determinados números resuelven el problema. Las palabras "diez" o "cincuenta" no funcionarán.  Si insertan la palabra "treinta y una", no obstante encontrarán que la frase, incluyendo su respuesta, contiene treinta y una letras. ¡Pero existe una respuesta correcta! Para resolver este problema, ¡la respuesta misma tiene que tomarse en cuenta! Alentamos al lector a que deje la lectura y encuentre la segunda solución correcta. Le sugiero una "treinta y cuatro".
El acertijo ilustra una cuestión sutil pero extremadamente importante -hay más de una respuesta correcta a este problema-. Las ciencias tradicionales buscan respuestas necesarias a sus problemas, es decir, soluciones que tengan una y sólo una respuesta. Los científicos dependen en gran medida de las matemáticas, un sistema construido para generar respuestas necesarias a sus preguntas. Si preguntamos cuánto es dos veces tres, la respuesta tiene que ser seis. La frase de Von Foerster es única, pero tiene dos respuestas correctas.
El acertijo de von Foerster revela una consecuencia del constructivismo -la pérdida de certeza-. Las respuestas necesarias generan certeza. Una ciencia que depende del sujeto y permite y alienta al observador a incluirse en sus observaciones no puede generar respuestas necesarias. Los constructivistas sostienen que realmente no se ha perdido nada. Para empezar, nunca tuvimos certeza. Podemos inventar llaves que abran nuestros problemas, pero esas invenciones nos dicen algo acerca de la llave, no acerca de la cerradura. Algunas llaves abren el acertijo. Aunque la certeza ser pierda, la elección se incrementa.

Me gustaría utilizar la siguiente cita de un artículo de von Foerster, "Notes on an Epistemology for Living Things". (1981), para resumir mis comentarios sobre la objetividad.
"Mientras que en el primer cuarto del presente siglo los físicos y los cosmólogos se vieron obligados a revisar las nociones básicas que regían las ciencias naturales, en el último cuarto de este siglo los biólogos forzarán una revisión de las nociones básicas que rigen la ciencia misma. A principios del siglo XX era claro que el concepto clásico de una "ciencia última, una ciencia que implicaba una descripción objetiva del mundo en la que no hay sujetos (un "universo sin sujeto"), contiene contradicciones.
Para eliminar estas contradicciones la ciencia de vio obligada a dar cuenta de un "observador" (es decir, como mínimo un sujeto). Hay dos ejemplos de este cambio del pensamiento científico: 1) las observaciones no son absolutas sino relativas al punto de vista del observador (es decir, un sistema coordinado -la teoría de la relatividad formulada por Einstein-); 2) las observaciones afectan a lo observado hasta el punto de eliminar la esperanza de predicción des observador (es decir su incertidumbre es absoluta -el principio de incertidumbre formulado por Heisenberg).
Dados estos cambios en el pensamiento científico, estamos frente a la perogrullada que dice que una descripción (del universo) implica alguien que describe (lo observa). Lo que necesitamos ahora es una descripción de "quien describe" o, en otras palabras, necesitamos una teoría del observador. Puesto que sólo los organismos vivos se cualifican de observadores, parece que esta tarea corresponde al biólogo. Pero el biólogo tambin es un organismo vivo, lo cual quiere decir que en su teoría tiene que responder no sólo de él mismo, sino también de su formulación escrita de la teoría. Se trata de un nuevo estado de cosas en el discurso científico, puesto que,en la línea del punto de vista tradicional que separa al observador de sus observaciones, se evitaba cuidadosamente la referencia a este discurso. Esta separación no se había dado por excentricidad o desatino. Los científicos obedecían esta regla de separación porque, bajo determinadas circunstancias, cuando el observador se incluía a sí mismo en su descripción (observaciones), ésta conducía a paradojas, como la que encontramos en el enunciado "soy un mentiroso".
Entretanto, no obstante, ha ido quedando cada vez más claro que esta restricción rigurosa, es decir, la exclusión del observador, no sólo creaba problemas éticos asociados a la actividad científica, sino también paralizaba el estudio de la vida en su pleno contexto desde las organizaciones moleculares a las sociales. La vida no se puede estudiar in vitro; se tiene que explorar in vivo. En contraste con el problema de la investigación  científica clásica, que postula primero un "mundo objetivo" de descripción invariante (como si hubiera algo así) e intenta luego describirlo, ahora nos hemos lanzado al desafío de desarrollar un "mundo subjetivo" de descripción invariante, es decir, un mundo que incluye al observador. Éste es el problema.
Sin embargo, de acuerdo con la tradición de la investigación científica clásica, que perpetuamente pregunta ¿cómo? en lugar de ¿qué?, esta tarea reclama una epistemología del ¿cómo conocemos? y no una  que se base en la pregunta ¿qué conocemos?."

Lynn Segal, Soñar la realialidad. El constuctivismo de Heinz Von Foerster (1994). 




No hay comentarios:

Publicar un comentario