martes, 25 de mayo de 2010

La autodestrucción





"John Cheever fue un infatigable escritor de diarios personales a lo largo de cuarenta años en los que apenas tomó vacaciones a la hora de intentar explicar su complejo conflicto con la vida, porque en el fondo, más allá de las apariencias, el problema era la vida, tal como dice su hijo Benjamin Cheever en el prólogo a los diarios: "Un espíritu simple dirá que la esencia de su problema era la bisexualidad. No es así. Tampoco lo era el alcoholismo. Asumió su bisexualidad. Dejó la bebida. Pero la vida seguía siendo un problema."
Hay una entrada de sus diarios que mentalmente llevo siempre cosida en el bolsillo izquierdo de todos mis pantalones: "Lluvias torrenciales después de media noche. Vientos fuertes. Me despierto a las tres. Está cerca el huracán. No hay síntomas de lluvia y viento. Entonces se me ocurre que puedo hacerlo, encontrarle algún sentido y repasar mi lista de valores: valentía, cordura, honestidad, capacidad para afrontar los peligros naturales de la vida."
Desde que leí, esta entrada de su diario la he llevado siempre conmigo, es una lista de valores que ha sido decisiva en mi vida. A falta de otras creencias, he tenido esta lista, que me ha sido útil para no perder jamás la orientación. Esta misma noche, por ejemplo, me ha ido bien para afrontar mis problemas y ahorrarles a todos ustedes desagradables gritos de animal herido, desagradables manifestaciones de desesperación.
Los problemas estaban siempre ahí, lo que a Cheveer -es la parte positiva del asunto- le permitió escribir magistrales páginas de sus diarios, como esta que llevo suelta en mi bolsillo y que paso ahora a leerles: "Cuando la autodestrucción entra en el corazón, al principio parece apenas un grano de arena. Es como una jaqueca, una indigestión leve, un dedo infectado; pero pierdes el tren de las 8.20 y llegas tarde para solicitar un aumento de crédito. El viejo amigo con quien vas a comer de repente agota tu paciencia y para mostrarte amable te tomas tres copas, pero el día ya ha perdido forma, sentido y significado. Para recuperar cierta intencionalidad y belleza bebes demasiado en las reuniones, te propasa con la mujer de otro y acabas por cometer un tontería obscena y a la mañana siguiente desearías estar muerto. Pero cuando tratas de repasar el camino que te ha conducido a este abismo sólo encuentras el grano de arena."

Enrique Vila-Matas, El mal de Montano.



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