viernes, 30 de abril de 2010

Soy otro




"El doctor en psiquiatría que se quedó acurrucado y después dormido en aquella cama de hotel tenía cuatro padres, ocho abuelos, dos infancias, dos juventudes y dos edades maduras, dos padres ahogados, un matrimonio fallido, una hija muerta, un pasaporte, un oso babeante en el interior de sí mismo, una triple identidad que era una carga pesadísima, una sola escritura (privada), ningún amor ni alegría alguna, o tal vez sólo una, esa escritura privada que apuntalaba la belleza de su desdicha.
Cuando al día siguiente despertó, el doctor seguía teniendo todo esto. Lo constató él mismo fácilmente, pero se planteó un problema que otras personas se plantean también al despertar. ¿Qué sería de cada uno de nosotros sin su memoria? La de cada uno es una memoria superflua, pensó, pero al mismo tiempo esencial. No es necesario, siguió pensando, que para ser quien soy tenga que recordar, por ejemplo, que he vivido en Barcelona, Nueve York, Malibú y Nápoles. Y, sin embargo, al mismo tiempo, yo tengo que sentir que no soy el que fui en esos lugares, que soy otro. Ése es el problema que nunca podremos resolver, el problema de la identidad cambiante.
Pensó todo esto y luego recordó a San Pablo que dijo que moría cada día y a Borges, que , comentando esa frase, dijo que no era en modo alguno un expresión patética: “La verdad es que morimos cada día y nacemos cada día. Estamos continuamente naciendo y muriendo. Por eso el problema de tiempo nos toca más que los otros problemas metafísicos. Porque los otros son abstractos. El del tiempo es nuestro problema. ¿Quién soy yo? ¿Quién es cada uno de nosotros?”
El doctor en psiquiatría que aquel día despertó en la rue Vaneau recordó a San Pablo y a San Borges y después pasó a sospechar que nuestra presencia aquí en la tierra es un error cósmico, es decir, pasó a sospechar que nosotros estábamos destinados a algún otro planeta lejano, al otro extremo de la galaxia. El doctor que aquel día despertó en la rue Vaneau comenzó a preguntarse cómo se las arreglarán aquellos que estaban destinados a vivir aquí, cómo les estará yendo en ese otro planeta. Y sintió un breve escalofrío. Él era el doctor Pasavento. No estaba muy convencido, pero lo mejor sería ser ese doctor en psiquiatría. Tengo cuatro padres, volvió a pensar,ocho abuelos, dos infancias, dos juventudes y dos edades maduras, dos padres ahogados, un matrimonio fallido, una hija que se llamaba Nora y está muerta, un pasaporte, un oso babeante en el interior de mí mismo, una triple identidad que es una carga pesadísima, una sola escritura (privada), ningún amor ni alegría alguna, o tal vez sólo una, esta escritura privada.
Sé que pensó dos veces casi exactamente lo mismo, porque quien allí despertó fui yo, el mismo que está ahora contando esto a través de mi escritura escondida."

Enrique Vila-Matas, Doctor Pasavento.

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