martes, 9 de marzo de 2010

La necedad






"No se puede pues juzgar el espíritu de un siglo exclusivamente por sus ideas, sus conceptos teóricos, sin tomar en consideración el arte y particularmente la novela. El siglo XIX inventó la locomotora, y Hegel estaba seguro de haber captado el espíritu mismo de la Historia universal. Flaubert descubrió la necedad. Me atrevo a decir que éste es el descubrimiento más importante de un siglo tan orgulloso de su razón científica.
Por supuesto, incluso antes de Flaubert no se ponía en duda la existencia de la necedad, pero se la comprendía de un modo algo distinto: estaba considerada como una simple ausencia de conocimientos, como un defecto corregible mediante la instrucción. En cambio, en las novelas de Flaubert, la necedad es una dimensión inseparable de la existencia humana. Acompaña a la pobre Emma toda su vida hasta su lecho de amor y hasta su lecho de muerte, sobre el cual dos temibles agelastas, Homais y Bournisien, van aún a intercambiar largamente sus inepcias como una especie de oración funebre. Pero lo más chocante, lo más escandaloso de la visión flaubertiana de la necedad es esto: la necedad no desaparece ante la ciencia, la técnica, el progreso, la modernidad; ¡por el contrario, con el progreso, ella progresa también!
Con malintencionada afición Flaubert coleccionaba las fórmulas estereotipadas que pronunciaban las gentes a su alrededor para parecer inteligentes y enteradas. Con ellas, compuso un célebre Diccionario de ideas preconcebidas. Sirvámonos de este título para decir: la necedad moderna no es la ignorancia, sino el no pensamiento de las ideas preconcebidas." 

Milan Kundera, El arte de la novela. (Pdf)


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