lunes, 22 de febrero de 2010

Follow the white rabbit





"Alicia empezaba a estar muy cansada de permanecer junto a su hermana en la orilla, y de no hacer nada; una vez o dos había echado una mirada al libro al libro que su hermana estaba leyendo, pero no traía estampas ni diálogos; y "¿de qué sirve un libro" pensó Alicia, "si no trae estampas ni diálogos?".
Así que estaba deliberando en su interior (lo mejor que podía, ya que el día caluroso la hacía sentirse muy soñolienta y atontada) si el placer de trenzar una cadena de margaritas merecía la molestia de levantarse a coger las margaritas, cuando de pronto llegó junto a ella un conejo blanco de ojos rosados.
No había  nada de particular en aquello; ni consideró Alicia que fuese muy excepcional oír al Conejo decirse a sí mismo: "¡Dios mío!¡Dios mío!¡Voy a llegar tarde!" (al pensar en aquello más tarde, se le ocurrió que debía haberle extrañado una cosa así; sin embargo, en aquel momento le pareció la mar de natural); pero cuando el Conejo se sacó un reloj de bolsillo del chaleco, lo consultó, y luego reanudó apresuradamente la marcha, Alicia se incorporó de un brinco, ya que se le ocurrió de pronto que jamás había visto un conejo con un bolsillo de chaleco, o con un reloj que sacar de él; y, muerta de curiosidad, echó a correr trás él por el prado, justo a tiempo de ver cómo se metía por la gran madriguera bajo el seto.
Un instante después se coló Alicia también, sin pararse a pensar como saldría."

Lewis Carroll, Alicia en el país de las maravillas.


No hay comentarios:

Publicar un comentario