lunes, 1 de febrero de 2010

Dos y dos son cinco





"En una palabra, el hombre es una criatura cómica, pues es evidente que todo eso supone una broma. Pero "dos y dos son cuatro" es, con todo, una cosa insoportable. En mi opinión, "dos y dos son cuatro es una pura desfachatez. "Dos y dos son cuatro" es algo así como un fantoche que se nos atraviesa en el camino con los brazos en jarras y nos lanza un escupitajo. Estoy conforme con que "dos y dos son cuatro" es una cosa excelente, pero si hemos de ser justos hay que reconocer que la fórmula "dos y dos son cinco" es también a veces una cosa bonita.
¿Y por qué están ustedes tan firmemente, tan triunfalmente, convencidos de que sólo lo normal es positivo -en una palabra, sólo el bienestar- es ventajoso para el hombre? ¿No se equivoca la razón en eso de las ventajas? ¿No es posible que el hombre guste igualmente el sufrimiento, que el sufrimiento sea quizá tan ventajoso para él como el bienestar? Porque en ocasiones el hombre ama el sufrimiento con pasión; lo cual es un hecho indiscutible. Para probarlo no es preciso consultar la historia universal; pregúnteselo usted a sí mismo, si es usted hobre y ha vivido en alguna medida. En cuanto a mi opinión personal, digo que amar sólo el bienestar es casi indecoroso. Sea bueno o malo, el hecho es que destrozar alguna cosa puede ser a veces muy agradable también. No estoy aquí defendiendo el sufrimiento, ni tampoco el bienestar. Lo que defiendo son mis propios caprichos, a fin de que se me garanticen cuando sea necesario. Sé que en las farsas, por ejemplo, no se permite el sufrimiento. En el Palacio de Cristal, por otra parte es inconcebible: el sufrimiento es duda, es negación, ¿y qué clase de Palacio de Cristal sería ése si en él hallara acomodo la duda? En cualquier caso, estoy convencido de que el hombre nunca renunciará al sufrimiento genuino, o sea, a la destrución del caos. El sufrimiento: ¡pero si ésa es la única causa agente de la conciencia! Y aunque al principio declaré que, en mi opinión, la conciencia es la mayor desgracia para el hombre, sé, no obstante, que éste la ama y que no la trocaría por ninguna satisfacción. La conciencia, por ejemplo, es infinitamente superior a "dos y dos son cuatro". Después de "dos y dos son cuatro" no queda, por supuesto, nada que hacer, ni que aprender tampoco. Después de eso, lo único posible entonces será poner un tapón a los cinco sentidos y entregarse a la contemplación. Pero con la conciencia, aun si conduce a lo mismo, es decir, a que tampoco quede nada que hacer, podrá uno al menos azotarse de vez en cuando, lo que en todo caso, sirve de estímulo. Quizá sea un arbitrio retrógrado, pero es mejor que no hacer nada."

Fiódor Dostoyevski, Apuntes del subsuelo.




Biografia Partes 1, 2, 3, 4 y 5.


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