sábado, 16 de enero de 2010

Viajes y viajeros





"Estas cortas visitas a los campesinos en sus solitarias alquerías siempre constituyen la parte agradable de nuestras excursiones. Me gusta hablar con los ancianos, y ver los ambientes que se han creado. (...) Este es el gran encanto de los campesinos de aquí; talvez a causa de su contacto con la tierra y el agua saludables, estos instintos naturales hacia el prójimo son perfectamente francos y confiados; todo cuanto dicen y hacen lleva la marca de la sinceridad."

"La vida es tan sencilla... La vida es tan sencilla" decían las ruedas del Sud Express durante toda la noche en aquella boba o irónica forma que tienen, porque apenas si se puede imaginar un mensaje menos apropiado para la inquieta oscuridad, el repiqueteo de cadenas, las angustiadas exclamaciones de los ferroviarios y, al alba, la infelicidad del cuerpo que no ha descansado. Pero los viajeros están mucho más a merced de las frases. Transportadas desde casa, que, como un caparazón, las han endurecido, separadas, individuales, en sus expuestos cerebros se formulan vastas generalizaciones; la tensión de la rueda o de la cortina de la ventanilla que golpea con ritmo necio dichos de falsa profundidad acerca de la vida, repite para distraer fragmentos en prosa, y hace que miren con feroz melancolía el paisaje."

Virginia Woolf, Viajes y Viajeros.


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