jueves, 28 de enero de 2010

José Saramago



"La profunda, la intrínseca maldad de Dios, está en la biblia."

José Saramago

"Como todo, las palabras tienen sus qués, sus cómos y sus porqués. Algunas, solemnes, nos interpelan como aire ponposo, dándose importancia, como si estuviesen destinadas a grandes cosas y, ya se verá más tarde, no son nada más que una brisa leve que no conseguiría mover un aspa de molino, otras, de las más comunes, de las habituales, de las de todos los días, acabarán teniendo consecuencias que nadie se atrevería a pronosticar, no habían nacido para eso y, sin embargo, sacudieron el mundo."

"Lo lógico, lo natural, lo simplemente humano hubiera sido que abraham mandara al señor a la mierda, pero no fue así."

"Vale más tarde que nunca, respondió el ángel con fatuidad, como si acabara de enunciar una verdad primera, Te equivocas, nunca no es lo contrario de tarde, lo contrario de tarde es demasiado tarde, le respondió caín."

" Lot entró en el pueblo cuando el sol estaba naciendo. El señor hizo entonces caer azufre y fuego sobre sodoma y gomorra, destruyó ambas ciudades hasta los cimientos, así como toda la región, con todos sus habitantes y vegetación. Se mirase donde se mirase, sólo se veían ruinas, cenizas y cuerpos carbonizados. En cuanto a la mujer de lot, ésta miró atrás desobedeciendo la orden recibida y quedó transformada en una estatua de sal. Hasta hoy nadie ha conseguido comprender por qué fue castigada de esa manera, cuando es tan natural que queramos saber qué pasa a nuestras espaldas. Es posible que el señor hubiera querido escarmentar la curiosidad como si se tratase de un pecado mortal, pero eso tampoco va en abono de su inteligencia."
 
"Los soldados de josué prendieron fuego a la ciudad y quemaron todo lo que había en ella, con excepción de la plata, el oro, el bronce y el hierro, como es de costumbre, pasaron a engrosar el tesoro del señor. Fue entonces cuando josué lanzó la siguiente amenaza, Maldito sea quien intente reconstruir la ciudad de jericó, se le muera el hijo mayor a quien ponga los cimientos y el más joven a quien levante las puertas. En aquella época las maldiciones eran obras maestras de la literatura, tanto por la fuerza de la intención como por la expresión formal en la que se condensaban, de no haber sido josué la crudelísima persona que fue, hoy hasta podríamos tomarlo como un modelo estilístico, por lo menos en el importante capítulo retórico de los juramentos y maldiciones, tan poco frecuentados por la modernidad."

"Qué extraña idea de lo justo parece tener el señor, La idea de quien no tiene la menor noción de lo que podría ser una justicia humana."

Fragmentos del libro, Caín.

"Uno no se deja cambiar uno se encuentra cambiado"

 

Entrevista en noches como esta, partes 1, 2 y 3.

 

 

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