domingo, 31 de enero de 2010

Diploma



"Es inevitable -dijo Paul-. Cuando a uno lo nombran asno,
empieza a portarse como un asno."




Se sentaron frente a frente y Paul ardía en deseos de hablar se la carta que había  recibido del Oso, pero como era bien educado dijo antes:

- Te oí esta mañana. Al actor ese lo hiciste correr como un conejo.
- Sí -Dijo Bernard-. Seguramente se me fue la mano. Pero estaba de un humor horrible Ayer recibí una visita que no olvidaré. Vino a verme un desconocido. Una cabeza más alto que yo y con una barriga enorme. Se presentó, me hizo una sonrisa peligrosamente amable y me dijo: "tengo el honor de darle este diploma"; después me entregó un gran tubo de cartón e insistió en que lo abriera en su presencia. Había un diploma. De colores. Con letra preciosa. Ponía: Bernard Bertrand ha sido nombrado asno total.
-¿Qué? -se echó a reír Paul pero enseguida se contuvo al ver la cara seria e inmóvil de Bernard, en la que no se advertía la menor huella de diversión.
- Sí -repitió con voz tétrica Bernard-. He sido nombrado asno total.
- ¿Y quién te nombró? ¿Menciona el nombre de alguna organización?
- No. Sólo una firma ilegible.
Bernad volvió a describir varias veces lo que había pasado y luego añadió:
- Al principio no podía creer lo que veían mis ojos. Tenía la sensación de que había sido víctima de un atentado, tenía ganas de gritar y de llamar a la policía. Pero después me di cuenta de que no podía hacer nada. El tipo aquel sonrió y me dió la mano: "Permítame que le felicite", dijo y yo estaba tan confundido que la estreché.
- ¿Tú le diste la mano? ¿De verdad le diste las gracias? -dijo Paul y apenas podía ya contener la risa.
- Cuando comprendí que no podía meter en la cárcel a aquel tipo, quise demostrar sangre fría y me comporté como si todo lo que estaba pasando fuese completamente normal y no me afectase en lo más mínimo.
- Es inevitable -dijo Paul-. Cuando a uno lo nombran asno, empieza a portarse como un asno.
- Desgraciadamente es así -dijo Bernard-.
- ¿Y no sabes quíen era? ¡Se te habrá presentado al llegar!
- Estaba tan excitado que me olvidé inmediatamente el nombre.
Paul no pudo evitar reírse de nuevo.
- Ya lo sé, tú dirás que es una broma y por supuesto que tienes razón -dijo Bernard-, pero eso no me sirve de nada. Pienso en ello desde entonces y no puedo pensar en otra cosa.

Milan Kundera, La inmortalidad.


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