sábado, 26 de diciembre de 2009

Cumbres borrascosas.




CAPÍTULO PRIMERO

1801:


Estoy de vuelta después de haber hecho una visita al propietario de mi casa, único vecino que pueda preocuparme. En realidad este es un país maravilloso. Yo no creo que en toda Inglaterra hubiese podido encontrar un lugar más apartado del mundanal bullicio. Es el verdadero paraíso para un misántropo; y el señor Heathcliff y yo parecemos la pareja más adecuada para compartir este desierto. ¡Qué hombre magnífico! De seguro se hallaba lejos de imaginar la simpatía que me inspiró al sorprender cómo sus ojos se hundían en sus órbitas, llenos de sospechas, en el mismo instante en que yo detenía mi caballo, y cómo sus dedos se escondían con huraña resolución aún más profundamente en su chaleco, cuando le dije mi nombre.
- ¿El señor Heathcliff?- pregunté.
Un movimiento de cabeza fue su respuesta.
- Lockwood, su nuevo inquilino, señor. He querido concederme el honor de visitarle en cuanto me ha sido posible desde mi llegada, para expresarle que confío en no haberle molestado con mi insistencia en que me alquilase la Granja de los Tordos. Oí decir ayer tarde que tuvo usted pensamiento...
- La Granja de los Tordos es propiedad mía, señor- interrumpió, retrocediendo-. No permito que nadie me moleste, ya que tengo la manera de impedirlo... ¡Entre!
Pronunció "¡Entre!" con los dientes cerrados, como le hubiera salido "¡Váyase al diablo!" La verja en que se apoyaba no denunció ningún movimiento que correspondiese a sus palabras. Creo que esta circunstancia me determinó a aceptar la invitación. Me interesaba aquel hombre cuya reserva parecía aún más exagerada que la mía.(...)"

"(...) Noto que los habitantes de estos parajes toman sobre los habitantes de las ciudades la superioridad de la araña de un calabozo con respecto a la araña de una casa de campo, a ojos de los que ocupan cualquiera de las dos viviendas; y sin embargo, la mayor intensidad de atracción ejercida en el observador no se debe exclusivamente a la situación de éste. Las gentes viven aquí más en serio, más reconcentradas; menos en la superficie, en los cambios y en las fribolidades externas. Aquí puede concevirse como posible un amor para toda la vida, y hasta ahora yo he estado convencido de que ningún amor podía durar más de un año. La situación de los primeros es la de un hombre ante un solo plato en el que se concentra todo su apetito y al que hace todos los honores; la de los segundos, la del mismo hombre ante una cena servida por un cocinero francés; podrá obtener, del conjunto, tanto goce, pero no considerará cada plato más que un simple átomo."

Emily Brontë, Cumbres borrascosas. (Pdf)


 

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