martes, 3 de noviembre de 2009

Voces





Hablo pensando que no debiera hablar: así hablo.

Trátame como debes tratarme, no como merezco ser tratado.

Quien me tiene de un hilo no es fuerte; lo fuerte es el hilo.

Un poco de ingenuidad nunca se aparta de mí. Y es ella la que me protege.

Se me abre una puerta, entro y me hallo con cien puertas cerradas.

Mi pobreza no es total: falto yo.

Si no levantas los ojos, creerás que eres el punto mas alto.

El mal de no creer es creer un poco.

Vengo de morirme, no de haber nacido. De haber nacido me voy.

Si yo fuese como una roca y no como una nube, mi pensar, que es como el viento, me abandonaría.

Me hicieron de cien años algunos minutos que se quedaron conmigo, no cien años.

Se vive con la esperanza de llegar a ser un recuerdo.

Una cosa sana no respira.

Mucho de lo que he dejado de hacer en mí, sigue haciéndose en mí, solo.

Todo es como los ríos, obra de las pendientes.

El universo no constituye un orden total. Falta la adhesión del hombre.

Sí, están equivocados, porque no saben. Y si supieran... Nada. Ni estarían equivocados.


Han dejado de engañarte, no de quererte. Y te parece que han dejado de quererte.


Cuando me conformo con nada es cuando me conformo de todo.


Y sin ese repetirse eternamente de todo, de sí mismo a sí mismo, a cada instante, todo duraría un instante. Hasta la misma eternidad duraría un instante

El hombre, cuando es solamente lo que parece ser el hombre, casi no es nada.

Sí, es entrando en todo como voy saliendo de todo.

Hallarás la distancia que te separa de ellos, uniéndote a ellos.

Te ayudaré a venir si vienes y a no venir si no vienes.

Quien no llena su mundo de fantasmas, se queda solo.

A veces hallo tan grande a la miseria que temo necesitar de ella.

Porque eres lo mejor, en este mundo, crees que eres lo mejor para este mundo. Nuestras creencias, ¡cómo nos engañan!

El misterio apacigua mis ojos, no los ciega.

Quien dice la verdad, casi no dice nada.

Una cosa, hasta no ser toda, es ruido, y toda, es silencio.

Si yo hubiera creído que lo otro era lo mismo, mi vida no habría tenido ninguna extensión.

Desde hace mil años me pregunto ¿qué haré ahora? Y aún
no necesito responderme.


Éramos yo y el mar. Y el mar estaba solo y solo yo. Uno de los dos faltaba.

Cuando me encuentro con alguna idea que no es de este mundo, siento como si se ensanchara este mundo.

El hombre lo juzga todo desde el minuto presente, sin comprender que sólo juzga un minuto: el minuto presente.

Nada, se dice de esto, de aquello, hasta se dice de todo. Sólo no se dice de nada.

Cuando creo que la piedra es piedra, que la nube es nube, me hallo en un estado de inconsciencia.

Sí, son millones de estrellas. Y millones de estrellas son dos ojos que las miran.

A veces creo que no existe todo lo que veo. Porque todo lo que veo es todo lo que vi. Y todo lo que vi no existe.

Cuando se lanza algún dardo para herirme, se encuentra con la herida hecha y... no puede herirme.

Hay dolores que han perdido la memoria y no recuerdan por qué son dolores.


Un ala no es cielo ni tierra.

Tenemos un mundo para cada uno, pero no tenemos un mundo para todos.

Y seguiré navegando por mares ajenos hasta naufragar en mi mar.

La razón se pierde razonando.

He llegado a un paso de todo. Y aquí me quedo, lejos de todo, un paso.

Más llanto que llorar es ver llorar.

Arrancamos a la vida la vida, para con ella, verla.

Cuanto no puede ser, casi siempre es un reproche a cuanto puede ser. 

Percibimos el vacío, llenándolo.

Mueren cien años en un instante, lo mismo que un instante en un instante.

El árbol está solo, la nube está sola. Todo está solo cuando yo estoy solo.

Con algunas personas mi silencio es total: interior y exterior.


A veces, de noche, enciendo una luz para no ver.

Nadie entiende que lo has dado todo. Debes dar más.

Ante cada nuevo drama me pregunto: ¿éste es el drama?

Se pueden tender puentes para salvar vacíos, pero no en un total vacío como tu total vacío.

Estoy tan poco en mí, que lo que hacen de mí, casi no me interesa.

Hombres y cosas, suben, bajan, se alejan, se acercan. Todo es una comedia de distancias.

Las certidumbres sólo se alcanzan con los pies.

El hombre, cuando sabe que es una cosa cómica, no ríe.

En la fuente de mi sed, bebí hasta agotar mi sed.

Te quiero como eres, pero no me digas como eres.


Cerca de mí no hay más que lejanías.

Cuando yo muera, no me veré morir, por primera vez.

Toda cosa existe por el vacío que la rodea.

Antes de aquello, ¿qué hubo? Y después de aquello, ¿qué hubo? Y aquello, ¿qué fue?

Cuando me hiciste otro, te dejé conmigo.

Qué te he dado, lo sé. Qué has recibido, no lo sé.

Una cosa bella es dos cosas: bello y cosa. Y las dos cosas nunca se dan juntas.

Viéndome, me pregunto: ¿qué pretenden verse los demás?

De lo que tomo, tomo de más o de menos, no tomo lo justo. Lo justo no me sirve.

No creo en las excepciones. Por que creo que de uno solo no hay nada. Ni la soledad.

Extraños, extraños, extraños, un infinito de extraños. Y yo, un extraño, solo.

Convénceme, pero sin convicciones. Las convicciones ya no me convencen más.

El no saber hacer supo hacer a Dios.

Donde miran mis ojos, están mis ojos que miran.

No usar defectos, no significa no tenerlos.

Hoy no podría habituarme a cómo seré mañana; mañana sí.

El hombre vive midiendo, y no es medida de nada. Ni de sí mismo.

Pueden en mí, más que todos los infinitos, mis tres o cuatro costumbres inocentes.

En mi viaje por esta selva de números que llaman mundo, llevo un cero a modo de linterna.

Mis partículas de tiempo juegan con la eternidad.

Mi última creencia es sufrir. Y comienzo a creer que no sufro.

Cuántos, cansados de mentir, se suicidan en cualquier verdad.

Lo que haces no es lo que crees que haces.

Si me olvidase de lo que no he sido me olvidaría de mí.

No he probado ningún vino superior a mi sangre.

Cuando me parece que escuchas mis palabras, me parecen tuyas mis palabras y escucho mis palabras.

Me es más fácil ver todas las cosas como una cosa sola, que ver una cosa como una cosa sola.

Iría al paraíso, pero con mi infierno; solo, no.

Cada vez que me despierto, comprendo que es fácil ser nada.


Quien te quiere, si te quisiera solamente a ti, no podría quererte, porque no sabría como a quién ni como a qué quererte.

El sol ilumina la noche, no la convierte en luz.

A unas pocas cosas mías que dejé, ¡cuántas cosas mías no las dejaron!

He sido para mí, discípulo y maestro. Y he sido un buen discípulo, pero un mal maestro.

Un amigo, una flor, una estrella no son nada, si no pones en ellos un amigo, una flor, una estrella.

Voy perdiendo el deseo de lo que busco, buscando lo que deseo.

¿Cómo he podido volver tantas veces aquí, sin moverme de aquí?

A veces creo que el mal es todo y que el bien es sólo un bello deseo del mal.

Como sólo me preparo para lo que debiera sucederme, no me hallo preparado para lo que me sucede. Nunca.

Mi voz me dice: "Así es todo". Y el eco de mi voz me dice:
"Así eres tú".

Lo que sé lo soporto con lo que no sé.

Me dice que soy un ciego, lo que veo.

Cuando rompo algunas de las cadenas que me encadenan, siento que me disminuyo.

La humanidad no sabe ya adonde ir, porque nadie la espera: ni Dios.

La vida parece ser dos puntos, sin puntos intermedios.

Los méritos de una cosa no vienen de ella: van a ella.

Cuando me llaman "mío", no soy nadie.

Quien hace un paraíso de su pan, de su hambre hace un infierno.

A veces para aislarme del mundo lo levanto en torno de mí a modo de muro.


Sí, sufro siempre, pero sólo en algunos momentos, porque sólo en algunos momentos pienso que sufro siempre.

Que tuve todo lo sé, no por lo que tuve. Lo sé porque después no tuve más.

Sí, te había visto, pero no te había visto así como te veo ahora, en ninguna parte. ¿Dónde estabas así como te veo ahora? Y como te había visto, ¿dónde estás?

Hay caídos que no se levantan para no volver a caer.

Y si lo anormal fuese realmente anormal no existiría.

Todo es nada, pero después. Después de haberlo sufrido todo.

Islas, puentes y alas: mis tres vidas separadas. Mis tres muertes unidas.

Ahora el instante, luego lo eterno. El instante y lo eterno. Y sólo el instante es tiempo, porque lo eterno no es tiempo. Lo eterno es recuerdo del instante.

Ser alguien es ser alguien solo. Ser alguien es soledad.

La has llamado con los mejores nombres y aún no la quieres. Es que aun te falta llamarla con los peores nombres para quererla.

Hieres y volverás a herir. Porque hieres y te apartas. No acompañas a la herida.

Lo que hay fuera de mí es una imitación mal hecha de lo que hay dentro de mí.

Lo que me he olvidado de esto, de aquello, es lo que me he olvidado de mí.

Mi alma tiene todas las edades menos una: la de mi cuerpo.

Los sí y los no son eternidades que duran momentos

Y si es tan veloz el cambiar de las cosas, cuando vemos las cosas no vemos las cosas. Vemos el cambiar de las cosas.

La piedra que tomo en mis manos absorbe un poco de mi sangre y palpita.

Comprendo que la mentira es engaño y la verdad no. Pero a mí me han engañado las dos.

Cuando no sea más nada, ¿no seré más nada? ¡Cómo
quisiera no ser más nada cuando no sea más nada!



Antonio Porchia, Voces (pdf)

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