martes, 10 de noviembre de 2009

El hombre con siete segundos de memoria.






Capítulo 15 (Musicofilia.)

(…) Tal como escribe Deborah:

Su capacidad para percibir lo que veía y oía quedó intacta. Pero parecía incapaz de retener ninguna impresión durante más de un parpadeo. Si parpadea, de hecho, cuando se separan sus parpados revelan una escena nueva. Lo que veía antes del parpadeo queda totalmente olvidado. Cada parpadeo cada vez que aparta la mirada y la vuelve a posar en algo, lo que contempla a continuación es totalmente nuevo. Intenté imaginar lo que sentiría (…) Algo parecido a una película con mala continuidad, el vaso está medio vacío y luego lleno, el cigarrillo que derrepente es más largo, el actor que ahora tiene pelo revuelto y luego repeinado. Pero eso era la vida real, una habitación que cambiaba de un modo físicamente imposible.


Además de esa incapacidad de conservar los recuerdos, Clive poseía una devastadora amnesia retrógrada, prácticamente todo su pasado quedó borrado.
(…)
Desesperado por encontrar algo a lo que aferrarse, algo propio, Clive comenzó a llevar un diario, primero en trozos de papel, luego en un cuaderno. Pero las entradas de su diario consisten, básicamente, en frases del tipo “estoy despierto”, “Estoy consciente”, que aparecen cada pocos minutos. Escribía: “2.10 pm: esta vez estoy perfectamente despierto (…) 2.14 pm: esta vez estoy por fin despierto (…) 2:35 pm: esta vez absolutamente despierto”, junto con negaciones de esas afirmaciones: “a las 9:49 pm me desperté por primera vez, a pesar de lo que he dicho antes.” Y luego esto aparecía tachado seguido de: “A las 10:35 estaba plenamente consciente, y despierto por primera vez en muchas, muchas semanas.” Esto a su vez quedaba anulado por la siguiente entrada.
Este terrible diario, casi sin otro contenido que esas apasionadas afirmaciones y negaciones, que pretendían reafirmar una existencia y una continuidad pero que siempre se contradecía, cada sía estaba otra vez lleno, y al final tenía cientos de páginas casi idénticas. Era un testimonio aterrador y doloroso del estado mental de Clive, de su sensación de extravío en los años que siguieron a la amnesia, un estado que Deborah, en la película de Miller, calificaba de “interminable agonía”.
(…) Aunque uno no puede poseer un conocimiento directo de la propia amnesia, hay maneras de inferirla (…) Al carecer de memoria y de un conocimiento directo de la experiencia, los amnésicos tienen que hacer hipótesis e inferencias, y las que hacen normalmente son plausibles. Pueden inferir que han estado haciendo algo, que han estado en alguna parte, aún cuando no recuerden qué o dónde. Pero Clive en lugar de hacer suposiciones plausibles, siempre llegaba a la conclusión de que de que acababa de “despertar” de que había estado “muerto”. Eso me parecía un reflejo de cómo la percepción de Clive era casi instantáneamente borrada: el pensamiento mismo era casi imposible dentro de esa diminuta ventana de tiempo.
(..) Clive dijo en cierto momento: “¿Puede imaginarse una noche que dure cinco años? Sin sueños ni despertar, ni tacto, ni sabor, ni olor, ni vista, ni sonido, ni oído, nada de nada. Es como estar muerto. He llegado a la conclusión de que estoy muerto.”
(…) ¿ Cómo y por qué Clive reconocía da Deborah, y no reconocía a nadie más de manera regular? Está claro que hay muchos tipos de memoria, y la emocional es una de las más profundas y menos comprendidas.
Neal J. Cohen ha escrito a cerca de del famoso experimento realizado por Édouard Claparéde, un médico suizo, en 1911:

Al estrecharle la mano a un paciente que padecía el síndrome Korsakov, Claparéde le pinchó el dedo con la aguja que llevaba escondida en la mano. Posteriormente, cada vez que él intentaba darle la mano a la paciente, está la retiraba. Cuando él le preguntó por qué lo hacía, ella contestó: “¿No esta permitido retirar la mano?” y “quizá lleve una aguja escondida en la mano”, y por fin “A veces lleva agujas escondidas en la mano”. Así el paciente había aprendido la reacción adecuada basándose en una experiencia previa, pero no parecía capaz de atribuir su comportamiento al recuerdo personal de un suceso anteriormente experimentado.

(…) El caso H.M dejó claro que existen dos tipos muy distintos de memoria: una memoria consciente de los hechos (memoria episódica) y una memoria inconsciente de los procedimientos, y que está no se ve afectada por la amnesia.
Esto queda clarísimo con Clive, pues es capaz de afeitarse, ducharse, arreglarse y vestir de manera elegante, con gusto y estilo; se mueve con seguridad y le gusta bailar. Habla con fluidez y locuacidad, con mucho vocabulario; lee y escribe en vaios idiomas. Se le da bien el cálculo. Es capaz de hacer llamadas telefónicas, y encuentra los utensilios del café y no se pierde en la residencia. Si se le pregunta cómo lo hace, no lo sabe, pero lo hace. Implique esto una secuencia o patron de acción, es algo que hace con fluidez sin vacilar.
(…) Es posible que Clive, incapaz de recordar o de prever los sucesos a causa de su amnesia, sea capaz de cantar, tocar y dirigir música porque recuerda que la música no tiene nada que ver con recordar en el sentido habitual. Recordar la música, escucharla o tocarla, se hace por completo en el presente.
Victor Zuckerkandl, filósofo de la música, explora esta paradoja en su libro Sound and Symbol:

Oír una melodía es oír con la melodía (…) Para oír la melodía es incluso imprescindible que el tono presente en el momento llene la conciencia por completo, que no se recuerde nada, nada a parte de ella o de que está presente en la conciencia (…) Oír una melodía es oír, haber oído y estar a punto de oír, todo junto. Cada melodía nos declara que el pasado puede estar ahí sun ser recordado, y el futuro sin ser conocido de antemano.


Oliver Sacks.



     
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Clive Wearing es un director de orquesta británico nacido en 1938, que debido a un herpes simple tipo 2(HSV-2) el cual derivo después a una encefalitis en 1985, sufrió graves lesiones en el hipocampo, las cuales afectaron su memoria dándole, 7 segundos de retención de esta, además de haber perdido los recuerdos anteriores, por tanto Clive no solo sufre de amnesia anterógrada (incapacidad para recordar hechos ocurridos después de la aparición del agente causante) sino que también amnesia retrograda(incapacidad para recordar hechos ocurridos antes de la aparición del agente)
Deborah, su esposa, es uno de los recuerdos que han permanecido en la confusa memoria de Clive, se casaron 18 meses antes y desde su enfermedad van 20 años de casados.
En el 2005 se presentó el documental El Hombre Con 7 Segundos De Memoria (The Man With 7 Seconds Memory) dirigido por Jane Traéis en el cual se ve Clive con 67 años viviendo en una unidad de lesiones cerebrales. (Wikipedia)



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