sábado, 17 de octubre de 2009

La serenidad del yo singular






En los peores momentos, en la peor ciudad, si conseguía una habitación pequeña, si podía cerrar la puerta de esa habitación pequeña y estar solo en ella con la vieja cómoda, la cama, la cortinilla rota, empezaba a embargarme una sensación agradable; la serenidad del yo singular. No tenia problemas conmigo mismo, sino con los lugares de ahí fuera, con esas caras de ahí fuera, con las vidas desperdiciadas y destrozadas: la gente que se conforma con la solución más barata y más fácil. Entre la Iglesia y el Estado, la estructura familiar; se consumían vivos entre nuestros sistemas de ocio y educación, entre las ocho horas de trabajo y el sistema de créditos. Cerrar la puerta de una habitación pequeña o pasarme noche y día sentado en un bar era mi forma de decir que no a todo eso.

Charles Bukowski.




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