viernes, 23 de octubre de 2009

El médico justo para el rey



 


Un poderoso rey hizo llamar a un sacerdote, al que todos atribuían poderes curativos, para que lo ayudara a acabar con sus dolores de espalda.
   —Dios nos ayudará —dijo el sacerdote—. Pero antes debemos tratar de entender el origen de sus dolores. La confesión hace que el hombre se enfrente con sus problemas y lo libera de muchas cosas.
   Y el sacerdote comenzó a preguntar de todo sobre la vida del rey, sobre cómo trataba a su prójimo, sobre las angustias y los tormentos que sufría su reino. El rey, cansado de tener que pensar en tantos problemas, se dirigió así al sacerdote:
   —No quiero hablar de estas cosas. Por favor, tráeme a alguien que me cure sin hacer tantas preguntas.
Y sacerdote se fue y volvió media hora después con otro hombre.
   —Esta es la persona que usted necesita —dijo—. Mi amigo es veterinario. No suele hablar con sus pacientes.


Paulo Coelho


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