jueves, 16 de julio de 2009

La vida es una enfermedad del espíritu Novalis


Algunos filósofos herméticos han afirmado que puede entrarse en este mundo de muchos modos; algunas veces, sin darse uno cuenta. Yo conjeturo que éste fue mi caso; ello explicaría que nunca haya tenido la menor idea de qué diablos hago aquí. Pensé que había venido a escribir, porque nací en una casa llena de libros y mi padre ejercía el periodismo; pero sospecho que aquel pensamiento fue un intento de creer que sabía para qué había venido al mundo. La verdad es que no lo sé. Por lo demás, todos mis amigos de la clase media pobre en que nací creían más o menos lo mismo.

Soy muy despistado. Alguna vez perdí un examen que había preparado porque me equivoqué de día, para regocijo de mis compañeros de carrera. Acaso cuando nací pensé que estaba entrando en otro mundo, o acaso pensé que no estaba entrando en ninguno.

Después he ido intentando interesarme por algunas cosas: las mujeres, la literatura, la alquimia y aun la botánica, en un tiempo. La verdad es que creo que entré en un mundo que no me interesaba. Sólo me importa hacerme perdonar por mis hijos lo poco o mucho que yo haya contribuido a su nacimiento. A este último respecto, me consuela pensar que para la cosmogonía hinduista el matar y el engendrar son hechos que trascienden la naturaleza humana y que, como yo, ellos nacieron porque lo deseaban, o por distracción.

Elías F. Gómez García


No hay comentarios:

Publicar un comentario