sábado, 18 de julio de 2009

EL CORDÓN DESATADO


una mujer, una

goma pinchada, una

enfermedad, un

deseo; miedos enfrente tuyo,

miedos que se mantienen tan inmóviles

que podés estudiarlos

como piezas en un tablero de ajedrez...

no son las cosas grandes lo que

envía a un hombre al

manicomio, la muerte que le corresponde, o

el crimen, el incesto, el robo, el fuego, la inundación...

no, es la serie continua de pequeñas tragedias

lo que envía a un hombre al

manicomio...

no la muerte de su amor

sino un cordón que se desata

justo

cuando no hay tiempo...

el espanto de la vida

es ese enjambre de trivialidades

que pueden matar más rápido que el cáncer

y que siempre están ahí-

las patentes o los impuestos

o el carnet de conducir vencido,

o contratar o despedir,

que lo hagas vos o que te lo hagan a vos, o

constipación

multas

raquitismo o grillos o ratones o termitas o

cucarachas o moscas o el

anzuelo enganchado

en tus pantalones, o sin nafta

o demasiada nafta,

la pileta se tapó, el portero está borracho,

al presidente no le importa nada y el gobernador

está loco.

la perilla de la luz se rompió, el colchón

parece una cama de fakir;

$ 150 por una afinación, cambio de carburador y

tanque lleno en Sears Roebuck;

y la cuenta de teléfono sube y los mercados

bajan

y la cadena del baño se

rompió,

y la luz se quemó-

la luz del hall, la luz del frente, la luz de atrás,

la luz interior; está

más oscuro que el infierno

y dos veces más caro.

después están siempre los cangrejos y las uñas

encarnadas

y la gente que insiste en que son

tus amigos;

hay siempre eso y algo peor;

canillas que gotean, Cristo y la Navidad;

el salame se puso azul, 9 días de lluvia,

el leverwurst está

púrpura.

o si no te ganás la vida

como camarera en el Norms, en el turno de noche,

o como vaciador de chatas

en el hospital,

o como lavacoches o chofer de colectivos

o ladrón de viejitas

las dejás gritando en la vereda

con los brazos rotos a los

80.

de repente

2 luces rojas en tu espejo retrovisor

y sangre en tu calzoncillo;

dolor de muelas, y $ 979 por un puente

$ 300 por un diente de oro,

y China y Rusia y América, y

el pelo largo y el pelo corto y la

pelada, y las barbas y la

ausencia de caras, y un montón de zigzag

pero ningún lugar, excepto quizá para mear

y lo de tus intestinos.

con cada cordón desatado,

se hacen cientos de cordones desatados,

y un hombre, una mujer, una

cosa

entra en el

manicomio.

así que la próxima vez

tené cuidado

cuando te inclines.


Charles Bukowski



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