domingo, 19 de julio de 2009

E. M. Cioran











"En un mundo sin melancolía los ruiseñores se pondrian a eructar."

"No he encontrado en el edificio del pensamiento ninguna categoria en la que reposar mi frente. En cambio ¡que almohada el caos!."

"Según cuenta Plutarco, en el primer siglo de nuestra era ya no se iba a Delfos más que para plantear preguntas mezquinas (bodas, compras, etc).La decadencia de la Iglesia imita la de los oráculos."

"Antes del despertar se atraviesan horas de euforia, de irresponsabilidad, de embriaguez;pero al abuso de la ilusión sucede la saciedad. Quien ha despertado se halla despegado de todo, es el ex-fanático por antonomasia, alguien que no puede continuar soportando el peso de las quimeras, ya sean éstas tentadoras o grotescas. Tan lejos se encuentra de ellas que no entiende por qué especie de extravío llegaron a deslumbrarle. Gracias a ellas había podido brillar y afirmarse; ahora, tanto su pasado como su porvenir le parecen apenas imaginables. Ha dilapidado su sustancia (...)"

"No se escribe porque se tenga algo que decir, sino porque se tienen ganas de decir algo."

“Quizá no debería uno ocuparse más que de sí mismo: es deshonroso, es innoble juzgar a los otros; sin embargo, es lo que todo el mundo hace, y abstenerse equivaldría a estar fuera de la humanidad. El hombre es un animal lleno de hiel… No es que no pueda hablar bien de los demás, pero experimenta una sensación de placer y de fuerza sensiblemente menor que cuando habla mal.”

“Ni suficientemente desgraciado para ser poeta… ni suficientemente indiferente para ser filósofo, sólo soy lúcido, pero lo bastante para estar condenado.”

“Vivir: especializarse en el error. Burlarse de las verdades indubitadas, no hacer caso de lo absoluto, tomar a broma a la muerte y transformar lo infinito en azar. Sólo se puede respirar en lo más hondo de la ilusión. El mero hecho de ser es tan grave que, comparado con él, Dios es pura bagatela.”

“Ante ese insecto, del tamaño de un punto, que corría por mi mesa, mi primera reacción fue caritativa: aplastarle, pero después decidí abandonarle a su alocamiento. ¿Para qué liberarle de él? ¡Solamente que me hubiera gustado tanto saber a dónde iba!”

“Víctima yo de una angustia que no sabía cómo quitarme de encima, llaman a la puerta. Abro. Era una señora de cierta edad a la que no esperaba en absoluto. Durante tres horas me martirizó con tales necedades que mi angustia se transformó en cólera. Estaba salvado.”

"Vale más ser animal que hombre, insecto que animal, planta que insecto, y así sucesivamente".


“Donde antes habíamos visto delicadeza, ahora vemos vulgaridad y, en lugar de generosidad, una mediocridad sin paliativos. Lo inefable de nuestra atracción por otros seres pierde su misteriosa profundidad y se sustituye por la visión de un ser inexpresivo, vacío y vano. La repugnancia destruye el misterio de las relaciones y anula los significados implícitos o secretos que derivan de la comunión de los hombres. El gesto de un ser amado, que otrora apreciaste, las palabras en las que percibiste determinadas vibraciones, las tonalidades acariciadoras de la voz, o las envolventes miradas que traslucían matices del estado del alma, toda una gama de íntimas delicadezas. Todo lo que te encantó como irresistible y fascinante, aparece de pronto irremediablemente mediocre, desoladoramente vulgar, insignificante hasta la exasperación…”


“Todos los besos que no hemos dado y los que no hemos recibido, las sonrisas que no nos han dirigido y la timidez de nuestros amores, ¿acaso no han reforzado y sellado nuestras soledades? Tantos rechazos de la vida, ¿no han hecho de nosotros unos luchadores exaltados? … Pero nuestras soledades, nutridas por tantos amores insatisfechos, son lo bastante fuertes como para sostener nuestro impulso hacia otros mundos y hacia otras eternidades.”

“Me basta escuchar a alguien hablar sinceramente de ideal, de porvenir, de filosofía, escucharle decir nosotros con una inflexión de seguridad, invocar a los otros y sentirse su intérprete, para que le considere mi enemigo”.

“Amamos en la medida en que negamos el conocimiento, en la medida en que podemos abandonarnos absolutamente a un valor y lo hacemos absoluto. Y si no amásemos otra cosa que nuestro deseo de amar o nuestro propio amor.
Conocemos realmente sólo en los momentos en que no vibramos internamente, cuando nada arde en nosotros; cuando se ama a alguien, los momentos de conocimiento real son extremadamente raros; su aparición se debe a una mengua del amor. Y cuando, a veces, llegas a advertir desde fuera, con una perspectiva objetiva, que el hombre que envuelve como una obsesión todo tu ser, que ha crecido orgánicamente en ti, tiene una profundidad espiritual como la de cualquier otro, o cuando comprendes que su sonrisa no es única sino perfectamente reversible, cuando la puedes clasificar y meter en el montón, y encuentras explicaciones generales para sus reacciones individuales, entonces el conocimiento ha sustituido dolorosamente al entusiasmo amoroso. El amor es una fuga lejos de la verdad. Y amamos verdaderamente sólo cuando no queremos la verdad. Al ser que amamos lo conocemos verdaderamente sólo cuando hemos dejado de amarlo, cuando nos hemos vuelto lúcidos, claros, secos y vacuos. Amamos a un hombre porque es nuestro amor lo que queremos. La soledad de los sexos y la lucha salvaje entre hombre y mujer tiene su origen en esa interioridad del amor. Pues en el amor nos degustamos, nos saboreamos a nosotros mismos, nos dejamos seducir por el goce de nuestro pálpito erótico. Por ese motivo, el amor es tanto más intenso y profundo cuanto más lejos estamos de la persona amada…
La conversión del amor en piedad determina la última fase del amor, su agonía. Cuando empezamos a apiadarnos de una persona a quien hemos amado, significa que nuestro entusiasmo no puede seguir sosteniendo la lucha contra la evidencia. La piedad es un amor fatigado, un amor cuyo objeto nos es ajeno, la lucidez de la piedad usurpa todo el resplandor al que tendría derecho la ilusión de cualquier ser. Cuando se han apagado las llamas de la hoguera del amor, la piedad es como una ceniza que cubre los últimos chisporroteos de la pira de Eros…
La última fase del amor nos muestra lo solos que estamos aunque amemos y que todo depende no del objeto exterior sino del nivel de nuestros sentimientos.”

“La vida interior es patrimonio de los delicados.”

“No puede saberse lo que un hombre debe perder por tener el valor de pisotear todas las convenciones, no puede saberse lo que Diógenes ha perdido por llegar a ser el hombre que se lo permite todo, que ha traducido en actos sus pensamientos más íntimos con una insolencia sobrenatural como lo haría un dios del conocimiento, a la vez libidinoso y puro. Nadie fue más franco; caso límite de sinceridad y lucidez al mismo tiempo que ejemplo de lo que podríamos llegar a ser si la educación y la hipocresía no refrenasen nuestros deseos, nuestros gestos.
Un día un hombre le hizo entrar en una casa ricamente amueblada y le dijo: “Sobre todo no escupas en el suelo”. Diógenes, que tenía ganas de escupir, le lanzó el lapo a la cara, gritándole que era el único sitio sucio que había encontrado para poder hacerlo. (Diógenes Laercio).¿Quién, después de haber sido recibido por un rico, no ha lamentado no disponer de océanos de saliva para verterlos sobre todos los propietarios de la tierra? Y, ¿quién no ha vuelto a tragarse su pequeño escupitinajo por miedo a lanzarlo a la cara de un ladrón respetado y barrigón?”

“El individuo que no va más allá de su calidad de hermoso ejemplar, de modelo acabado, y cuya existencia se confunde con su destino vital, se coloca fuera del espíritu. La masculinidad ideal -obstáculo a la percepción de los matices- comporta una insensibilidad para con lo sobrenatural cotidiano, de donde el arte saca su sustancia.”

“La riqueza interior resulta de los conflictos que se tienen con uno mismo; pero la vitalidad que dispone plenamente de sí misma no conoce más que el combate exterior, el encarnizamiento con el objeto.”

“El ser biológicamente íntegro desconfía de la profundidad, es incapaz de ella, la ve como una dimensión sospechosa que daña la espontaneidad de sus actos…”

El autómata
“Respiro por prejuicio…Cuando uno se percibe existir, se experimenta la sensación de un demente maravillado que sorprende su propia locura y se empecina en darle un nombre. La costumbre embota nuestro asombro de existir: somos, y ya no le damos más vueltas, ocupamos nuestra plaza en el asilo de los existentes.
Conformista, vivo, intento vivir, por imitación, por respeto a las reglas del juego, por horror a la originalidad. Resignación del autómata: poner cara de fervor y reírse secretamente: no plegarse a las convenciones más que para repudiarlas a escondidas; figurar en todos los registros, pero sin residencia en el tiempo; salvar la cara, cuando sería imperioso perderla…
El que lo desprecia todo debe adoptar un aire de dignidad perfecta, inducir a error a los otros e incluso a sí mismo: cumplirá así más fácilmente su tarea de falso viviente. ¿Para qué mostrar nuestra ruina si podemos fingir la prosperidad? El infierno no tiene modales: es la imagen exasperada de un hombre franco y grosero, es la tierra concebida sin superstición de elegancia y civismo…
Gracias a que somos todos impostores, nos soportamos los unos a los otros. Quien no aceptase mentir vería a la tierra huir bajo sus pies: estamos biológicamente constreñidos a lo falso.”

"La fuente de nuestros actos reside en una propensión inconsciente a considerarnos el centro, la razón y el resultado del tiempo. Nuestros reflejos y nuestro orgullo transforman en planeta la parcela de carne y de conciencia que somos. Si tuviéramos el justo sentido de nuestra posición en el mundo, si comparar fuera inseparable de vivir, la revelación de nuestra ínfima presencia nos aplastaría. Pero vivir es cegarse sobre sus propias dimensiones…"

Emil Mihai Cioran


No hay comentarios:

Publicar un comentario