lunes, 18 de mayo de 2009

Inmortalidad



Libérenlo del tiempo del número y del espacio

y devuélvanle el reposo que le habían quitado.
Leconte de Lisle


"Tenemos muchos anhelos, entre ellos el de la vida, el de ser para siempre, pero también el de cesar, además del temor y su reverso: la esperanza. Todas estas cosas pueden cumplirse sin inmortalidad personal, no precisamos de ella. Yo personalmente, no la deseo y le temo; para mí sería espantoso saber que voy a continuar, sería espantoso pensar que voy a seguir siendo Borges. Estoy harto de mí mismo, de mi nombre y de mi fama y quiero liberarme de todo eso.
(...)
Tenemos otro texto clásico. De rerum naturae de Lucrecio, donde se niega la inmortalidad personal. El más memorable de los argumentos dados por Lucrecio es éste: Una persona se queja de que va a morir. Piensa que todo el porvenir le será negado. Como dijo Víctor Hugo: Iré solo en el medio de la fiesta/ nada faltará en el mundo radiante y feliz. En su gran poema, tan pretencioso como el de Donne- De rerum naturae o De rerum dedala naturae (de la naturaleza intrincada de las cosas)-, Lucrecio usa el siguiente argumento: Ustedes se duelen porque les va a faltar todo el porvenir; piensen, sin embargo, que anteriormente a ustedes hay un tiempo infinito. Que cuando naciste- dice al lector- ya había pasado el momento en que Cartago y Troya guerreaban por el imperio del mundo. Sin embargo, ya no te importa, ¿entonces, cómo puede importarte lo que vendrá? Has perdido el infinito pasado, ¿qué te importa perder el infinito futuro?. Eso dice el poema de Lucrecio(...)
Schopenhauer contestaría -y creo que Schopenhauer es la autoridad máxima- que la doctrina de la transmigración no es otra cosa que la forma popular de una doctrina distinta, que sería después de la doctrina de Shaw y Bergson, la doctrina de una voluntad de vivir. Hay algo que quiere vivir, algo que se abre camino a través de la materia o a pesar de la materia, ese algo es lo que Schopenhauer llama wille (la voluntad), que concibe al mundo como la voluntad de resurrección.
Luego vendrá Shaw que habla de the life force (la fuerza vital) y finalmente Bergson, que hablará del élan vital, el ímpetu vital que se manifiesta en todas las cosas, el que crea el universo, el que está en cada uno de nosotros. Esta como muerto en los metales, como dormido en los vegetales, como un sueño en los animales; pero en nosotros es consciente de sí mismo. Aquí tendríamos la explicación de lo que cité de Santo Tomás: Intellectus naturaliter desirat esse semper, la inteligencia desea naturalmente ser eterna. Pero ¿de que modo lo desea? No lo desea de un modo personal, no lo desea en el sentido de Unamuno, que quiere seguir siendo Unamuno; lo desea de un modo más general."

Jorge Luis Borges, La inmortalidad.


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