jueves, 21 de mayo de 2009

Elogio a mi hermana.



Mi hermana no escribe versos

y dudo que empiece de repente a escribir versos.

Lo sacó de mi madre, que no escribía versos,

y de mi padre, que tampoco escribía versos.

Bajo el techo de mi hermana me siento segura:

el marido de mi hermana por nada del mundo escribiría versos.

Y aunque esto suene a obra de Adam Macedonski,

ninguno de mis parientes se dedica a escribir versos.

En los cajones de mi hermana no hay viejos versos,

ni recién escritos en su bolso.

Y cuando mi hermana me invita a comer

sé que no es con la intención de leerme sus versos.

Sus sopas son exquisitas sin premeditación

y el café no se derrama sobre sus manuscritos.

En muchas familias nadie escribe versos.

Pero si lo hacen, es raro que sea sólo una persona.

A veces la poesía fluye en cascadas de generaciones,

lo que crea peligrosos remolinos en sus mutuos sentimientos.

Mi hermana cultiva una buena prosa hablada,

y toda su escritura son postales de sus vacaciones

con textos que prometen lo mismo cada año:

que cuando vuelva,

me contará todo,

todo,

todo.




WISLAWA SZYMBORSKA




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