Pero el hombre, el hombre orgulloso,
vestido de un poquito de autoridad,
ignora lo que tiene más seguro
(su alma de espejo), y como un mono enfurecido,
hace unas muecas tan locas ante el alto cielo
que los ángeles lloran, cuando nuestras penas
les harían morirse de risa.
William Shakespeare, medida por medida
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