
Y no es que la tema porque me arrastra del pelo ¿Que importa el pelo?... ¡No hago caso del pelo!... Lo que temo son sus ojos... sí, sus ojos... También temo las manchas que tiene en las mejillas... y su modo de respirar...¿Ha visto usted cómo respiran los que tienen esa enfermedad... cuando están soliviantados? También temo el llanto de los niños..., porque si Sonya no les ha dado de comer, entonces... ¡No sé, no sé! No temo los golpes... sepa usted; señor que esos golpes no sólo no me duelen, sino que me agrandan... No puedo vivir sin ellos. Es lo mejor ¡Qué me pegue, así se desahoga!
Fiódor Dostoyevsky, Crimen y castigo.
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