jueves, 16 de abril de 2009

La forma.




- ¡Una frase modelo! Usted supone que yo incapaz de conservar mi dignidad. Es decir que acaso soy un hombre digno, pero que no sé hacerme respetar. ¿Comprende que puede ocurrir así? Todos los rusos somos de esta manera, y usted sabe por qué: porque estamos demasiado dotados y poseemos demasiadas facetas, lo que nos impide encontrar de buenas a primeras una forma decorosa. La cuestión reside en la forma. La mayoría de los rusos estamos tan abundantemente dotados, que hace falta ser un genio para encontrar una forma decorosa. Y el genio no se da con frecuencia, se presenta en muy raras ocasiones. Únicamente los franceses, y acaso algunos otros europeos, han determinado tan bien su forma, que son capaces de mirarle a uno con extraordinaria dignidad aunque sean la persona más indigna. De ahí que la forma tenga tanta importancia para ellos. El francés aguanta una ofensa verdadera, auténtica, una ofensa que le llega muy a fondo y no arruga el ceño, pero por nada del mundo aguantará un papirotazo en la nariz porque esto es una infracción de la forma del decoro generalmente aceptada y tradicional.

Fíodor Dostoyevski, El jugador.


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