jueves, 30 de abril de 2009

Herman Hesse


Todo aquello en lo que ponemos amor es algo que supravaloramos y por eso de vez en cuando exige contradicción y crítica, porque vivo y valioso sólo lo es el amor, no el objeto en el que lo colocamos.

Aquello que amamos lo considero solo únicamente una metáfora.

Toda verdad es una fórmula abreviada para mirar el mundo desde un polo determinado, y no hay polo sin su opuesto.

El aburrimiento es algo que no conoce la naturaleza; es un invento de los habitantes de la ciudad.

En la naturaleza no hay sentimentalismo.

El enemigo más peligroso de la alegría es, sin duda, la excesiva valoración del minuto, la prisa como causa primordial de nuestra forma de vida. La consigna es: lo más posible y lo antes posible. De lo cual resulta siempre cada vez más complaciencia y menos alegría.

Cabe no hacer nunca nada prohibido y sin embargo ser un gran infame.

Cada hombre es el centro del mundo, alrededor de cada uno parece girar voluntariamente, y cada hombre y cada día de su vida es el punto final y la culminación de la historia.

Me gusta ser patriota, pero antes soy un hombre, y cuando ambas cosas no se compaginan le doy la razón al hombre.

Hay quienes se consideran perfectos, pero es sólo porque exigen menos de sí mismos.

"Un delicuente", se dice, y con ello se pretende señalar que alguien hace algo que otros han prohibido.

¿Inmortalidad? no doy un centimo por ella.

Herman Hesse

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