—Sufro mucho porque no puedo dormir abrazado a mi mujer.
—¿Y por qué no la abrazas?
—Porque ya no nos queremos.
—Si ya no se quieren, déjala.
—No puedo; la quiero demasiado.
—¿Y ella?
—Me adora.
—Entonces por qué no duermen abrazados.
—Porque ya no nos queremos.
ALEJANDRO AURA
0 comentarios:
Publicar un comentario en la entrada