Cuando con palabra firme
salvé tu alma caída
en la sima del error;
y transida de tormento,
retorciéndote las manos,
maldijiste los desmanes
de tu existencia anterior;
cuando hurgada tu conciencia
por los recuerdos ingratos
contaste la atroz historia
de un pasado pecador,
y cubriéndote la cara,
presa del espanto y la vergüenza
ahogaste en penoso llanto
la pérdida de tu honor...
N. A Nekrasov
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