Fausto: ¿Qué soy, pues, si no es posible llegar a conseguir la corona de la humanidad, hacia la cual tienden con afán todos mis pensamientos?
Mefistófeles: Tú eres, al fin y al cabo... lo que eres. Ponte pelucas de millones de rizos; calza tus pies con coturnos de una vara de alto, y a pesar de todo, seguirás siendo siempre lo que eres.
Fausto: Bien lo veo. En balde acumulé sobre mí todos los tesoros del espíritu humano, y cuando al fin me siento a descansar, ninguna nueva fuerza, a pesar de ello, nace en mi pecho; no soy más alto del grueso de un cabello, ni estoy más cerca de lo Infinito.
Johann Wolgang von Goethe, Fausto.
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