lunes, 2 de febrero de 2015

It's always February 2nd



'Breathes there the man'
                     
 I
Breathes there the man, with soul so dead, 
Who never to himself hath said, 
    This is my own, my native land! 
Whose heart hath ne'er within him burn'd, 
As home his footsteps he hath turn'd, 
    From wandering on a foreign strand! 
If such there breathe, go, mark him well; 
For him no Minstrel raptures swell; 
High though his titles, proud his name, 
Boundless his wealth as wish can claim; 
Despite those titles, power, and pelf, 
The wretch, concentred all in self, 
Living, shall forfeit fair renown, 
And, doubly dying, shall go down 
To the vile dust, from whence he sprung, 
Unwept, unhonour'd, and unsung. 


Sir Walter Scott (Complete poem)

jueves, 29 de enero de 2015

El ruido del mundo está hecho de silencios




"En la mayoría de encuentros, el orgullo o la cautela siguen impidiéndonos expresar nuestros
sentimientos más hondos. El ruido del mundo está hecho de silencios. (...)
¿Es inevitable que tantas conversaciones permanezcan infructuosas? ¿Por qué, después de siglos de experiencia, los seres humanos continúan siendo tan torpes y rudos y tan distraídos al conversar, hasta llegar a la cifra de un 40 por ciento de norteamericanos que -educados para considerar el silencio como algo hostil- se quejan de ser demasiado tímidos para hablar con libertad? La respuesta es que la conversación se halla aún en su infancia.
La memoria del mundo se ha atiborrado de nombres de generales y no de conversadores, tal vez porque en el pasado la gente hablaba mucho menos que nosotros ahora. "Un hombre demasiado dado a la conversación, se cuenta entre los necios, por más sabio que pueda ser", decía el príncipe persa Jai Ka'us, de Gurgan, y el mundo le dio la razón durante la mayor parte de la historia. El héroe ideal de Homero, "pronunciador de palabras" tanto como "realizador de hazañas" era una rareza. La diosa hindú del habla, Sarasvati, moraba sólo "en las lenguas de los poetas", y, cuando los seres humanos corrientes hablaban, les hacía ver que estaban intentando ser divinamente creativos. En 1787, un viajero inglés observó la taciturnidad de los campesinos franceses, en un país cuya élite era famosa por su elegante verbosidad. 
Este antiguo silencio campesino se puede oír aún en ciertas partes de Finlandia, considerado el país menos hablador de la tierra. "Basta una palabra", dice un proverbio finlandés, "para causar muchos problemas". La provincia finesa de Hame es la más silenciosa y sus habitantes se enorgullecen de la historia del granjero que va a ver a su vecino y permanece sentado e inmóvil durante largo rato, sin chistar, hasta que su anfitrión le pregunta por la razón de su visita. El visitante se decide, finalmente, a revelar que su casa está ardiendo. Estos finlandeses solían vivir en granjas aisladas, y no en pueblos, y soportar el silencio no les suponía ninguna carga. Los antropólogos refieren que en África central hay lugares donde la gente "no se siente en absoluto obligada a hablar en una situación social, pues el habla, y no el silencio, es lo que causa problemas a las personas."

Theodore Zeldin, Historia íntima de la humanidad.


viernes, 16 de enero de 2015

La sentencia no se pronuncia de una vez




"–Te lo agradezco –dijo K–. Todos los demás que participan en mi proceso tienen un prejuicio contra mí. Ellos se lo inspiran también a los que no participan en él. Mi posición es cada vez más difícil.
–Interpretas mal los hechos –dijo el sacerdote–, la sentencia no se pronuncia de una vez, el procedimiento se va convirtiendo lentamente en sentencia.”

Franz Kafka, El proceso.

jueves, 15 de enero de 2015

Cuando dar las gracias es de mala educación





"Pero para ver realmente la reciprocidad en acción hay que vivir en una sociedad igualitaria que carece de dinero y en la que nada se puede comprar o vender. En la reciprocidad todo se opone al cómputo y cálculo precisos de lo que una persona debe a otra. De hecho, la idea consiste en negar que alguien posee realmente algo. Podemos decir si un estilo de vida se basa o no en la reciprocidad sabiendo si la gente da o no las gracias. En sociedades realmente igualitarias, es de mala educación agradecer públicamente la recepción de bienes materiales o servicios. Por ejemplo, entre los semai de Malasia central nadie expresa nunca gratitud por la carne que un cazador distribuye en partes exactamente iguales entre sus compañeros. Robert Dentan, quien ha vivido con los semai, descubrió que dar las gracias era de muy mala educación, ya que sugería o bien que uno calculaba el tamaño del trozo de carne recibido, o bien que se mostraba sorprendido por el éxito y generosidad del cazador.

En contraposición a la exhibición ostentosa del "gran hombre" kaoka, a la palabrería jactanciosa de los jefes del potlatch o a nuestra propia ostentación de símbolos de estatus, los semai siguen un estilo de vida en el que los que tienen mayor éxito deben ser los que menos llamen la atención. En su estilo de vida igualitario, la búsqueda de estatus mediante redistribución competitiva o cualquier forma de consumo o despilfarro conspicuos es literalmente inconcebible. Los pueblos igualitarios sienten repugnancia y temor ante la más ligera insinuación de ser tratados con generosidad o de que una persona piense que es mejor que otra.

Richard Lee, profesor de la Universidad de Toronto, cuenta una graciosa historia sobre el significado del intercambio recíproco entre cazadores y recolectores igualitarios. Lee había seguido a los bosquimanos durante la mayor parte del año por el desierto de Kalahari, observando lo que comían. Los bosquimanos eran muy serviciales y Lee quiso mostrarles su gratitud, pero no tenía nada que ofrecerles que no alterara su dieta normal y su pauta de actividad habitual. Cuando se acercaban las Navidades, supo que probablemente los bosquimanos acamparían al borde del desierto junto a aldeas en las que a veces obtenían carne mediante el comercio. Con la intención de donarles un buey como regalo de Navidad, fue en su jeep de aldea en aldea tratando de encontrar el buey más grande que pudiera comprar. Finalmente localizó en una aldea lejana un animal de proporciones monstruosas, cubierto con una gruesa capa de grasa. Como sucede con muchos pueblos primitivos, los bosquimanos anhelan la carne grasienta porque los animales que cazan son normalmente enjutos y correosos. Al volver al campamento, Lee llevó aparte a sus amigos y les dijo uno a uno que había comprado el buey más grande que jamás había visto y que le iba a dejar que los sacrificaran en Navidad. El primer hombre que oyó la buena noticia se alarmó visiblemente. Preguntó a Lee dónde había comprado el buey, de qué color era, cuánto medían sus cuerno, y movió después la cabeza. "Conozco ese buey -dijo-. ¡Si sólo es huesos y pellejo! ¡Tienes que haber estado borracho para comprar ese despreciable animal!". Convencido de que su amigo no sabía realmente de qué buey estaba hablando, Lee se lo confió a otros bosquimanos, encontrando la misma reacción de asombro: "¿Has comprado este animal sin ningún valor? Naturalmente nos lo comeremos -solían decir todos-, pero no nos saciará. Comeremos y nos iremos a casa a dormir con las tripas rugiendo". Cuando llegaron las navidades y se sacrificó finalmente el buey, la bestia resultó estar verdaderamente cubierta de una gruesa capa de grasa y fue devorada con sumo placer. Había carne y grasa más que suficientes para todo el mundo. Lee se dirigió a sus amigos e insistió en una explicación. "Sí, claro que supimos desde el principio cómo era realmente el buey -admitió el cazador-. Pero cuando un joven sacrifica mucha carne, llega a creerse un hombre importante o un jefe, y considera a todos los demás como sus servidores o sus inferiores. No podemos aceptar esto -continuó-. Rechazamos al que se jacta, porque algún día su orgullo le llevará a matar a alguien. De ahí que siempre hablemos de la carne que aporta como si fuera despreciable. De esta manera ablandamos su corazón y le hacemos amable."

Marvin Harris, Vacas, cerdos, guerras y brujas.


The Museum of Four in the Morning



FOUR IN THE MORNING


The hour from night to day.
The hour from side to side.
The hour for those past thirty.

The hour swept clean to the crowing of cocks.
The hour when earth betrays us.
The hour when wind blows from extinguished stars.
The hour of and-what-if-nothing-remains-after-us.

The hollow hour.
Blank, empty.
The very pit of all other hours.

No one feels good at four in the morning.
If ants feel good at four in the morning
--three cheers for the ants. And let five o'clock come
if we're to go on living.

Wislawa Szymborska


lunes, 15 de diciembre de 2014

Oroimen ariketa



"Ez dut negarrez aritzea besterik
esku-ahurrak desegin artean"
idatzi nuela daukat gogoan.

Carverrek hil baino hilabete bat lehenago
erosketetako papaertxoan idatzi zuena ere
badatorkit: "Gurina, arraultzak, txokokolatea...

Antartidara joan ala Australiara?".
Uholak dakartzan adar eta plastikozko 
ontziak dira egun oroitzapenak.

Eta kalean galdu nuen lagunminaren
betarte zurbila ere badakarkit.
Bere irribarre konplizea.

"Ez dut negarrez aritzea besterik
esku-ahurrak desegin artean"
idatzi nuela daukat gogoan.

Gordean ditut halaber
neurria hartu nahia, aldatzeko ahalegina, 
nire mamuekin irauteko premia,

eta denbora arretaz ehundu
begiekin, malkoekin, eskuekin, 
itzalen luzapenak bizirik harrapa nazan.


Kirmen Uribe, Bitartean heldu eskutik.



Ejercicio de memoria (Traducción)

«Sólo me queda llorar
hasta borrar mis manos»
escribí hace tiempo.

 Carver anotó un mes antes de morir:
«Mantequilla, huevos, chocolate…
¿Ir a la Antártida o a Australia?.

Era su lista de la compra.
La memoria está hecha de ramas y envases
de plástico que trae el río.

 Como el rostro lívido
del amigo que perdí.
Y su sonrisa cómplice.

«Sólo me queda llorar
hasta borrar mis manos»
escribí hace tiempo.

Y me queda también la intención
de ponerme del otro lado
sin perder lo que una vez fui,

y trabajar el tiempo con mis manos,
sin cerrar los ojos, despacio,
como las sombras de los árboles.


jueves, 11 de diciembre de 2014

Dave el Racista




"Los putos paquis están entrando a chorro por el túnel del canal -anunciaba con su tercera o cuarta pinta en el O'Reilly's-. Tenemos que cerrarlo ya, antes de que nos superen en número."
Dave tenía problemas con los paquistaníes y los bangladesíes, con los africanos y los chinos, con los musulmanes, los judíos, los indios, los europeos del Este y los franceses. Había sufrido el ataque de un cañon de agua cuando intentaba destruir un puesto de kebab turco en la Eurocopa de 96, y había roto de un ladrillazo el escaparate de la sucursal de Blacks en Salford antes de darse cuenta de que era una tienda de artículos de camping. No leía los periódicos porque para eso había que entrar en un quiosco de paquis, lo cual suponía dar dinero al terrorismo. Hacía gala de su ignorancia y no se tomaba bien que nadie intentase liberarlo de ella. "Yo sé lo que sé", solía declarar si sospechaba que se estaba produciendo el más mínimo intento de educarlo. "Demuéstrame que me aquivoco", decía, y luego ya no escuchaba. Era meticuloso en extremo en su intolerancia y se cuidaba de incluir en su odio a todas las minorías. Por todas estas razones, y otras muchas que sería cansino mencionar, se lo conocía como Dave el Racista."

Simon Wroe, El chef.

lunes, 17 de noviembre de 2014

La pareja ideal





"Ella se enteró por su mejor amiga.

–¡Está aquí! Ha vuelto, tía, de verdad, me lo encontré el domingo en el portal de la casa de mi madre y no me lo podía creer, está igual, tendrías…

–Pero ¿quién?

A él se lo conto su hermano, en la sobremesa de una paella dominguera y familiar.

–Pues la mujer de tu vida lleva un año divorciada, no creas.

–La mujer de mi vida… ¿Cuál?

Los dos habían sido la primera pareja del otro. Cuando se conocieron no habían acabado el bachillerato. Él tenía 15 años, ella 14, y los dos eran muy guapos, cada uno en su estilo, un tanto brusco él, un pelín cursi ella, de tal manera que sus excesos se anulaban entre sí para crear un perfecto equilibrio. Hacían tan buena pareja como si cada uno de los dos hubiera nacido sólo para enamorarse del otro, y desde luego se enamoraron, con ese amor apasionadamente radical, radicalmente ingenuo, ingenuamente apasionado, de los adolescentes.

Cuando traspasaron esa barrera seguían juntos, hasta convencidos de que seguirían estándolo toda su vida, y sin embargo, en el verano de sus 20 años, él se fue de viaje por media Europa con dos amigos, mientras ella pasaba unos días de vacaciones en el chalet que los padres de una de sus amigas tenían en la costa. Y al volver a Madrid, él no la llamó. Y al comprobar que no llamaba, llamó ella. Él sólo se puso en el tercer intento, y quedaron en su bar de siempre, donde sonaba la música de siempre, y los camareros de siempre les pusieron sus copas de siempre en su mesa de siempre. Allí rompieron de una forma más serena que civilizada, porque los dos estaban de acuerdo. Yo es que no estoy segura, dijo ella, tan cursi como de costumbre. Yo no puedo más, añadió él, aportando el adecuado contrapunto de brusquedad.

Aquella noche, sus respectivas madres no pudieron dormir, y a la mañana siguiente, en el desayuno, sus hermanos no hablaron de otra cosa. La noticia se fue extendiendo, y el asombro, la tristeza, la estupefacción de quienes les conocían fueron levantando a su alrededor un cerco tan insoportable –¿pero cómo has hecho eso?, ¿pero tú te has vuelto loca?, ¿pero no te das cuenta de que estáis hechos el uno para el otro?– que los dos tuvieron a la vez la misma idea. Ella se fue a París a terminar la carrera. Él, que la había terminado ya, se largó a Tarifa y montó un chiringuito de surferos. Después regresaron y volvieron a marcharse, se casaron y se separaron, fueron, volvieron, y de vez en cuando él se acordó de ella, ella de él, y ambos pensaban en cómo habría sido su vida si hubieran acatado aquel misterioso mandato del destino, que parecía empeñado en unirles para siempre. Los dos se arrepintieron alguna vez de haberse separado, pero olvidaron igual de deprisa ese arrepentimiento.

Y aquí están. Los amigos, los hermanos, los padres y las madres se han puesto tan pesados que han quedado a tomar una caña en el bar que ocupa ahora el local de aquel otro bar que para ellos era el de siempre. Se reconocen a la primera, sin vacilar, porque ninguno de los dos ha cambiado mucho. Al borde de los 50, él, pelo más bien largo, canoso, perpetua barba de tres días, la piel bronceada y el cuerpo flexible por el ejercicio diario, sigue siendo atractivo. Ella se ha cuidado tanto, ha hecho tanta dieta, tanto ejercicio, que a primera vista parece la misma, aunque ya no es cursi y tiene arrugas de tanto reírse.

Al encontrarse, los dos deciden que su primer amor sigue siendo una persona atractiva. Y al besarse, se emocionan un poco. Por eso los dos sienten a la vez que les están fallando los pies, como si empezaran a balancearse en el borde de un abismo, pero al final todo sale bien.

Cuando empiezan a hablar, resulta que él se ha hecho del Madrid y ella sigue siendo del Atleti. Él no ha tenido hijos, ella tiene dos. Ella pide una cerveza sin alcohol y eso él nunca ha podido entenderlo. Lo que ella no entiende es que él no vaya a votar. ¿Y sigues viviendo aquí, en el barrio? Sí, estoy encantada. Yo no podría. ¿No?, pues a mí no me gusta el campo. ¿En serio? Pues no sabes lo que te pierdes, por cierto, ¿quieres otra? No, me voy a ir ya, que tengo que hacer la comida. Ya, yo también tengo prisa, pero déjame que te invite. No. Sí, Que no, de verdad. Que sí, que me apetece mucho volver a pagarte una caña, aunque sea de mentira…

Entonces ella sonríe. Él también. Se despiden, se besan, y cada uno se va en dirección contraria. Él, incluso, corre un poco. Ella se limita a andar deprisa. Los dos tienen la misma cara de alivio."

Cause and effect




Sometimes I can hear my bones




“Sometimes I can hear my bones straining under the weight of all the lives I’m not living.”

Jonathan Safran Foer, Extremely Loud and Incredibly Close


Navegadores




I had seen nothing sacred



"I was always embarrassed by the words sacred, glorious and sacrifice and the expression in vain. We had heard them, sometimes standing in the rain almost out of earshot, so that only the shouted words came through, and had read them, on proclamations that were slapped up by billposters over other proclamations, now for a long time, and I had seen nothing sacred, and the things that were glorious had no glory and the sacrifices were like the stockyards at Chicago if nothing was done with the meat except to bury it."

Ernest Hemingway, A Farewell to Arms.



The Battle of the Brows





"I ask nothing better than that all reviewers, for ever, and everywhere, should call me a highbrow. I will do my best to oblige them. If they like to add Bloomsbury, W.C.1, that is the correct postal address, and my telephone number is in the Directory. But if your reviewer, or any other reviewer, dares hint that I live in South Kensington, I will sue him for libel. If any human being, man, woman, dog, cat or half-crushed worm dares call me “middlebrow” I will take my pen and stab him, dead.

Yours etc.,"



The wrong direction



When I was a kid the things I did were hidden under the grid
Young and naive I never believed that love could be so well hid
With regret I'm willing to bet and say the older you get
It gets harder to forgive and harder to forget
It gets under your shirt like a dagger at work
The first cut is the deepest but the rest still flipping hurt
You build your heart of plastic
Get cynical and sarcastic
And end up in the corner on your own

Cause I'd love to feel love but I can't stand the rejection
I hide behind my jokes as a form of protection
I thought I was close but under further inspection
It seems I've been running in the wrong direction oh no

So what's the point in getting your hopes up
When all you're ever getting is choked up
When you're coked up
And can't remember the reason why you broke up
You call her in the morning
When you're coming down and falling like an old man on the side of the road
Cause when you're apart you don't want to mingle
When you're together you want to be single
Ever the chase to taste the kiss of bliss
That made your heart tingle
How much greener the grass is
With those rose tinted glasses
But the butterflies they flutter by and leave us on our arses

Cause I'd love to feel love but I can't stand the rejection
I hide behind my jokes as a form of protection
I thought I was close but under further inspection
It seems I've been running in the wrong direction
There's fish in the sea for me to make a selection
I'd jump in if it wasn't for my ear infection
Cause all I want to do is try to make a connection
It seems I've been running in the wrong direction oh

miércoles, 12 de noviembre de 2014

Y marcharme con los zapatos relucientes




"Y marcharme con los zapatos relucientes y el corazón lleno de polvo."

Julio Cortázar

Pero ya no era ayer sino mañana





"Y la vida siguió,
como siguen las cosas que no
tienen mucho sentido.
Una vez me contó,
Un amigo común, que la vio

Joaquín Sabina



Dolorosamente correcto




"Se expresaba en un inglés dolorosamente correcto, y la ausencia total e incolora de deje alguno, casi podía decirse que constituía un acento. "

Jack London, Asesinatos S.L


martes, 11 de noviembre de 2014

I love you, thanks




Las chicas acicaladas me daban pavor




"Las chicas acicaladas me daban pavor. No me atrevía ni a acercarme a ellas, por miedo a oler mal. Tenía la sensación de que entre ellas y yo había una diferencia radical, como si estuviéramos hechas de sustancias distintas. Sus manos frías no sudaban ni se ensuciaban, su pelo conservaba su forma estudiada, sus axilas nunca estaban mojadas (no sabían lo que era tener que pegar los codos a los costados para ocultar los oscuros y vergonzosos cercos en forma de media luna de sus vestidos), y nunca, nunca notaban ese pequeño chorro de sangre de más, un pequeño extra que ninguna compresa puede contener y que se desliza de forma espantosa por el interior de tus muslos. No, eso jamás: sus reglas eran discretas; la naturaleza estaba a su servicio y no las traicionaba. Mi ordinariez nunca se convertiría en su delicadeza; era demasiado tarde, la diferencia se había hecho demasiado grande para ello."

Alice Munro, La vida de las mujeres.


martes, 28 de octubre de 2014

Sisters



"We have a reason to ban our heart
we have a reason to change our mind."