miércoles, 1 de abril de 2015

Get Lucky played by 10 Famous Guitar Players



I want to be evil




"I wanna be evil, I wanna be mad
But more that that I wanna be bad"

Hay un desconocido



Norman Rockwell “Triple autorretrato” (1960)

¡Qué extraño es verme aquí sentado,
y cerrar los ojos, y abrirlos, y mirar,
y oír como una lejana catarata que la vida se derrumba,
y cerrar los ojos, y abrirlos, y mirar!

¡Qué extraño es verme aquí sentado!
¡Qué extraño verme como una planta que respira,
y sentir en el pecho un pájaro encerrado,
y un denso empuje que se abre paso difícilmente por mis venas!

¡Qué extraño es verme aquí sentado,
y agarrarme una mano con la otra,
y tocarme, y sonreír, y decir en voz alta
mi propio nombre tan falto de sentido!

¡Oh, qué extraño, qué horriblemente extraño!
La sorpresa hace mudo mi espanto.
Hay un desconocido que me habita
y habla como si no fuera yo mismo.

Gabriel Celaya


Como si nunca lo hubieran dividido



¡Qué permeables son las fronteras de los estados humanos!
¡Cuántas nubes las sobrevuelan impunes,
cuánta arena del desierto trasiega de un país a otro,
cuánta piedra montañosa rueda hacia dominios ajenos
con brincos desafiantes!
¿Es necesario enumerar aquí cada pájaro que vuela
o se posa sobre una barrera
abandonada?
Aun siendo un gorrión, ya tiene cola
forastera,
pero el pico sí es de aquí. Y ¡cómo se mueve, no para!
De los innumerables insectos sólo mencionaré a la hormiga
que, entre el zapato izquierdo y el derecho del aduanero,
a la pregunta ¿de dónde y a dónde? no se molesta en dar
respuesta
¡Oh, ver con una sola mirada y con detalle ese desbarajuste
en todos los continentes!
Pues ¿acaso el ligustro de la otra orilla
no matutea por el río su cienmilésima hoja?
¿Quién sino la jibia, la de los brazos audazmente largos,
viola las sacrosantas aguas terrritoriales?
¿Se puede hablar de un orden tolerable
si ni siquiera las estrellas se dejan desacoplar
para que quede claro cuál brilla para quién?
¡Y para colmo, el punible derrame de nieblas!
¡Y el polen que se esparce a lo largo de la estepa,
como si nunca lo hubieran dividido en dos!
¡Y el retumbar de voces en las serviciales ondas del aire:
chillonas llamadas y borboteos llenos de significado!
Sólo lo humano sabe cómo ser de verdad ajeno.
Lo demás son bosques mixtos, obra de los topos y del viento.

Wislawa Szymborska


Se parece más a querer morirse




"Hay algo insoportablemente triste en los Cruceros de Lujo masivos. Como la mayoría de las cosas insoportablemente tristes, resulta increíblemente elusivo y complejo en sus causas y simple en sus efectos: a bordo del Nadir —sobre todo de noche, con toda la diversión organizada, la amabilidad y el ruido del jolgorio—, me sentí desesperar. La palabra se ha banalizado ahora por el exceso de uso, desesperar, pero es una palabra seria, y la estoy usando en serio. Para mí denota una adición simple: un extraño deseo de muerte combinado con una sensación apabullante de mi propia pequeñez y futilidad que se presenta como miedo a la muerte. Tal vez se parezca a lo que la gente llama terror o angustia. Pero no acaba de ser como esas cosas. Se parece más a querer morirse a fin de evitar la sensación insoportable de darse cuenta de que uno es pequeño, débil, egoísta y de que, sin ninguna duda posible, se va a morir. Es querer tirarse por la borda."

David Foster WallaceAlgo supuestamente divertido que nunca volveré a hacer.


Tres imperios: el trigo, el arroz y el maíz



"El mundo ha estado dividido durante mucho tiempo en tres imperios principales de dimensiones aproximadamente iguales y basados en los tres principales alimentos básicos: el trigo, el arroz y el maíz. Pero aún separó más a las personas la salsa o las especias que añadían:  aceite de oliva en el Mediterráneo, soja en China, ají en México, mantequilla en el norte de Europa y una multiplicidad de aromas en la India. Los rusos se amotinaron en la década de 1840, cuando el gobierno intentó convencerlos  de que cultivaran patatas; al estar acostumbrados a vivir sobre todo de pan de centeno, sospecharon una conjura para esclavizarlos e imponerles una nueva religión; pero, al cabo de cincuenta años se enamoraron de la patata. La explicación es que le añadieron el mismo ingrediente amargo -kislotu- que siempre había condimentado sus platos y al que, en definitiva, eran adictos. Todo pueblo añade a su comida su propio sabor y sólo acepta cambios si puede ocultárselos, cubriendo cualquier novedad con ese aroma. Sólo si se acepta esta premisa se puede ser optimista respecto al cambio, tanto en política como en economía o cultura. 
Los americanos han utilizado el azúcar como el ingrediente de sabor que hace aceptable cualquier novedad. El azúcar, que no huele y tiene el poder mágico de hacer casi todo superficialmente saboreable, ha aunado de hecho el gusto mundial más que cualquier otra cosa. Aunque en otras épocas fue una medicina rara y divina -la  miel recibía el calificativo de aliento del cielo y saliva de las estrellas-, la producción de azúcar ha aumentado cincuenta veces en los últimos cien años: es la expresión  culinaria de la democracia. Sólo cuando el chocolate latinoamericano, condimentado anteriormente con ají, se maridó con el azúcar (tal como lo hizo en 1828 Conrad van Houten de Amsterdam) cautivó los paladares del mundo entero. En 1825, Brillant-Savarin, autor de La fisiología del gusto, prefijo que el azúcar estaba destinado a ser el "condimento universal". Por aquellas fechas, Goethe pagaba 2,70 marcos de oro el kilo; el azúcar era el elixir del placer, reservado a los ricos, que gastaban más en azúcar que en pan. Ahora, la profecía se ha cumplido; casi todos los alimentos empaquetados contienen azúcar."

Theodore Zeldin, Historia íntima de la humanidad.


Mientras mi sombrero de fiesta resbalaba por mi cabeza







Our blessed homeland and their barbarous wastes





"Hitler escribió: "El arte de todos los líderes nacionales auténticamente grandes consiste ante todo, entre otras cosas, en no dispersar la atención del pueblo sino  concentrarla en un único enemigo". No hay razón para que esta forma de pensar deba durar para siempre."

Theodore Zeldin, Historia íntima de la humanidad.


Seré tan breve como Dalí





"Seré tan breve que ya he terminado"

Salvador Dalí



Para que nadie pueda ya confundirse



Llegará un día
en el cual no habrá que empujar los vidrios para que caigan,
ni martillar los clavos para que sostengan,
ni pisar las piedras para que se callen, 
ni beber el rostro de las mujeres para que sonrían.
Empezará la gran unión.
Hasta Dios aprenderá a hablar
y el aire y la luz
entrarán en su cueva de miedosas eternidades.
Entonces ya no habrá diferencia entre tus ojos y tu vientre,
ni entre mis palabras y mi voz.
Las piedras serán como tus senos
y yo haré mis versos con las manos,
para que nadie pueda ya confundirse.

Roberto Juarroz


Avalanche




Well I stepped into an avalanche,
It covered up my soul;
When I am not this hunchback that you see,
I sleep beneath the golden hill.
You who wish to conquer pain,
You must learn, learn to serve me well.

You strike my side by accident
As you go down for your gold.
The cripple here that you clothe and feed
Is neither starved nor cold;
He does not ask for your company,
Not at the centre, the centre of the world.

When I am on a pedestal,
You did not raise me there.
Your laws do not compel me
To kneel grotesque and bare.
I myself am the pedestal
For this ugly hump at which you stare.

You who wish to conquer pain,
You must learn what makes me kind;
The crumbs of love that you offer me,
They're the crumbs I've left behind.
Your pain is no credential here,
It's just the shadow, shadow of my wound.

I have begun to long for you,
I who have no greed
I have begun to ask for you,
I who have no need.
You say you've gone away from me,
But I can feel you when you breathe.

Do not dress in those rags for me,
I know you are not poor
You don't love me quite so fiercely now
When you know that you are not sure,
It is your turn, beloved,
It is your flesh that I wear.

Leonard Cohen


lunes, 2 de febrero de 2015

It's always February 2nd



'Breathes there the man'
                     
 I
Breathes there the man, with soul so dead, 
Who never to himself hath said, 
    This is my own, my native land! 
Whose heart hath ne'er within him burn'd, 
As home his footsteps he hath turn'd, 
    From wandering on a foreign strand! 
If such there breathe, go, mark him well; 
For him no Minstrel raptures swell; 
High though his titles, proud his name, 
Boundless his wealth as wish can claim; 
Despite those titles, power, and pelf, 
The wretch, concentred all in self, 
Living, shall forfeit fair renown, 
And, doubly dying, shall go down 
To the vile dust, from whence he sprung, 
Unwept, unhonour'd, and unsung. 


Sir Walter Scott (Complete poem)

jueves, 29 de enero de 2015

El ruido del mundo está hecho de silencios




"En la mayoría de encuentros, el orgullo o la cautela siguen impidiéndonos expresar nuestros
sentimientos más hondos. El ruido del mundo está hecho de silencios. (...)
¿Es inevitable que tantas conversaciones permanezcan infructuosas? ¿Por qué, después de siglos de experiencia, los seres humanos continúan siendo tan torpes y rudos y tan distraídos al conversar, hasta llegar a la cifra de un 40 por ciento de norteamericanos que -educados para considerar el silencio como algo hostil- se quejan de ser demasiado tímidos para hablar con libertad? La respuesta es que la conversación se halla aún en su infancia.
La memoria del mundo se ha atiborrado de nombres de generales y no de conversadores, tal vez porque en el pasado la gente hablaba mucho menos que nosotros ahora. "Un hombre demasiado dado a la conversación, se cuenta entre los necios, por más sabio que pueda ser", decía el príncipe persa Jai Ka'us, de Gurgan, y el mundo le dio la razón durante la mayor parte de la historia. El héroe ideal de Homero, "pronunciador de palabras" tanto como "realizador de hazañas" era una rareza. La diosa hindú del habla, Sarasvati, moraba sólo "en las lenguas de los poetas", y, cuando los seres humanos corrientes hablaban, les hacía ver que estaban intentando ser divinamente creativos. En 1787, un viajero inglés observó la taciturnidad de los campesinos franceses, en un país cuya élite era famosa por su elegante verbosidad. 
Este antiguo silencio campesino se puede oír aún en ciertas partes de Finlandia, considerado el país menos hablador de la tierra. "Basta una palabra", dice un proverbio finlandés, "para causar muchos problemas". La provincia finesa de Hame es la más silenciosa y sus habitantes se enorgullecen de la historia del granjero que va a ver a su vecino y permanece sentado e inmóvil durante largo rato, sin chistar, hasta que su anfitrión le pregunta por la razón de su visita. El visitante se decide, finalmente, a revelar que su casa está ardiendo. Estos finlandeses solían vivir en granjas aisladas, y no en pueblos, y soportar el silencio no les suponía ninguna carga. Los antropólogos refieren que en África central hay lugares donde la gente "no se siente en absoluto obligada a hablar en una situación social, pues el habla, y no el silencio, es lo que causa problemas a las personas."

Theodore Zeldin, Historia íntima de la humanidad.


viernes, 16 de enero de 2015

La sentencia no se pronuncia de una vez




"–Te lo agradezco –dijo K–. Todos los demás que participan en mi proceso tienen un prejuicio contra mí. Ellos se lo inspiran también a los que no participan en él. Mi posición es cada vez más difícil.
–Interpretas mal los hechos –dijo el sacerdote–, la sentencia no se pronuncia de una vez, el procedimiento se va convirtiendo lentamente en sentencia.”

Franz Kafka, El proceso.

jueves, 15 de enero de 2015

Cuando dar las gracias es de mala educación





"Pero para ver realmente la reciprocidad en acción hay que vivir en una sociedad igualitaria que carece de dinero y en la que nada se puede comprar o vender. En la reciprocidad todo se opone al cómputo y cálculo precisos de lo que una persona debe a otra. De hecho, la idea consiste en negar que alguien posee realmente algo. Podemos decir si un estilo de vida se basa o no en la reciprocidad sabiendo si la gente da o no las gracias. En sociedades realmente igualitarias, es de mala educación agradecer públicamente la recepción de bienes materiales o servicios. Por ejemplo, entre los semai de Malasia central nadie expresa nunca gratitud por la carne que un cazador distribuye en partes exactamente iguales entre sus compañeros. Robert Dentan, quien ha vivido con los semai, descubrió que dar las gracias era de muy mala educación, ya que sugería o bien que uno calculaba el tamaño del trozo de carne recibido, o bien que se mostraba sorprendido por el éxito y generosidad del cazador.

En contraposición a la exhibición ostentosa del "gran hombre" kaoka, a la palabrería jactanciosa de los jefes del potlatch o a nuestra propia ostentación de símbolos de estatus, los semai siguen un estilo de vida en el que los que tienen mayor éxito deben ser los que menos llamen la atención. En su estilo de vida igualitario, la búsqueda de estatus mediante redistribución competitiva o cualquier forma de consumo o despilfarro conspicuos es literalmente inconcebible. Los pueblos igualitarios sienten repugnancia y temor ante la más ligera insinuación de ser tratados con generosidad o de que una persona piense que es mejor que otra.

Richard Lee, profesor de la Universidad de Toronto, cuenta una graciosa historia sobre el significado del intercambio recíproco entre cazadores y recolectores igualitarios. Lee había seguido a los bosquimanos durante la mayor parte del año por el desierto de Kalahari, observando lo que comían. Los bosquimanos eran muy serviciales y Lee quiso mostrarles su gratitud, pero no tenía nada que ofrecerles que no alterara su dieta normal y su pauta de actividad habitual. Cuando se acercaban las Navidades, supo que probablemente los bosquimanos acamparían al borde del desierto junto a aldeas en las que a veces obtenían carne mediante el comercio. Con la intención de donarles un buey como regalo de Navidad, fue en su jeep de aldea en aldea tratando de encontrar el buey más grande que pudiera comprar. Finalmente localizó en una aldea lejana un animal de proporciones monstruosas, cubierto con una gruesa capa de grasa. Como sucede con muchos pueblos primitivos, los bosquimanos anhelan la carne grasienta porque los animales que cazan son normalmente enjutos y correosos. Al volver al campamento, Lee llevó aparte a sus amigos y les dijo uno a uno que había comprado el buey más grande que jamás había visto y que le iba a dejar que los sacrificaran en Navidad. El primer hombre que oyó la buena noticia se alarmó visiblemente. Preguntó a Lee dónde había comprado el buey, de qué color era, cuánto medían sus cuerno, y movió después la cabeza. "Conozco ese buey -dijo-. ¡Si sólo es huesos y pellejo! ¡Tienes que haber estado borracho para comprar ese despreciable animal!". Convencido de que su amigo no sabía realmente de qué buey estaba hablando, Lee se lo confió a otros bosquimanos, encontrando la misma reacción de asombro: "¿Has comprado este animal sin ningún valor? Naturalmente nos lo comeremos -solían decir todos-, pero no nos saciará. Comeremos y nos iremos a casa a dormir con las tripas rugiendo". Cuando llegaron las navidades y se sacrificó finalmente el buey, la bestia resultó estar verdaderamente cubierta de una gruesa capa de grasa y fue devorada con sumo placer. Había carne y grasa más que suficientes para todo el mundo. Lee se dirigió a sus amigos e insistió en una explicación. "Sí, claro que supimos desde el principio cómo era realmente el buey -admitió el cazador-. Pero cuando un joven sacrifica mucha carne, llega a creerse un hombre importante o un jefe, y considera a todos los demás como sus servidores o sus inferiores. No podemos aceptar esto -continuó-. Rechazamos al que se jacta, porque algún día su orgullo le llevará a matar a alguien. De ahí que siempre hablemos de la carne que aporta como si fuera despreciable. De esta manera ablandamos su corazón y le hacemos amable."

Marvin Harris, Vacas, cerdos, guerras y brujas.


The Museum of Four in the Morning



FOUR IN THE MORNING


The hour from night to day.
The hour from side to side.
The hour for those past thirty.

The hour swept clean to the crowing of cocks.
The hour when earth betrays us.
The hour when wind blows from extinguished stars.
The hour of and-what-if-nothing-remains-after-us.

The hollow hour.
Blank, empty.
The very pit of all other hours.

No one feels good at four in the morning.
If ants feel good at four in the morning
--three cheers for the ants. And let five o'clock come
if we're to go on living.

Wislawa Szymborska


lunes, 15 de diciembre de 2014

Oroimen ariketa



"Ez dut negarrez aritzea besterik
esku-ahurrak desegin artean"
idatzi nuela daukat gogoan.

Carverrek hil baino hilabete bat lehenago
erosketetako papaertxoan idatzi zuena ere
badatorkit: "Gurina, arraultzak, txokokolatea...

Antartidara joan ala Australiara?".
Uholak dakartzan adar eta plastikozko 
ontziak dira egun oroitzapenak.

Eta kalean galdu nuen lagunminaren
betarte zurbila ere badakarkit.
Bere irribarre konplizea.

"Ez dut negarrez aritzea besterik
esku-ahurrak desegin artean"
idatzi nuela daukat gogoan.

Gordean ditut halaber
neurria hartu nahia, aldatzeko ahalegina, 
nire mamuekin irauteko premia,

eta denbora arretaz ehundu
begiekin, malkoekin, eskuekin, 
itzalen luzapenak bizirik harrapa nazan.


Kirmen Uribe, Bitartean heldu eskutik.



Ejercicio de memoria (Traducción)

«Sólo me queda llorar
hasta borrar mis manos»
escribí hace tiempo.

 Carver anotó un mes antes de morir:
«Mantequilla, huevos, chocolate…
¿Ir a la Antártida o a Australia?.

Era su lista de la compra.
La memoria está hecha de ramas y envases
de plástico que trae el río.

 Como el rostro lívido
del amigo que perdí.
Y su sonrisa cómplice.

«Sólo me queda llorar
hasta borrar mis manos»
escribí hace tiempo.

Y me queda también la intención
de ponerme del otro lado
sin perder lo que una vez fui,

y trabajar el tiempo con mis manos,
sin cerrar los ojos, despacio,
como las sombras de los árboles.


jueves, 11 de diciembre de 2014

Dave el Racista




"Los putos paquis están entrando a chorro por el túnel del canal -anunciaba con su tercera o cuarta pinta en el O'Reilly's-. Tenemos que cerrarlo ya, antes de que nos superen en número."
Dave tenía problemas con los paquistaníes y los bangladesíes, con los africanos y los chinos, con los musulmanes, los judíos, los indios, los europeos del Este y los franceses. Había sufrido el ataque de un cañon de agua cuando intentaba destruir un puesto de kebab turco en la Eurocopa de 96, y había roto de un ladrillazo el escaparate de la sucursal de Blacks en Salford antes de darse cuenta de que era una tienda de artículos de camping. No leía los periódicos porque para eso había que entrar en un quiosco de paquis, lo cual suponía dar dinero al terrorismo. Hacía gala de su ignorancia y no se tomaba bien que nadie intentase liberarlo de ella. "Yo sé lo que sé", solía declarar si sospechaba que se estaba produciendo el más mínimo intento de educarlo. "Demuéstrame que me aquivoco", decía, y luego ya no escuchaba. Era meticuloso en extremo en su intolerancia y se cuidaba de incluir en su odio a todas las minorías. Por todas estas razones, y otras muchas que sería cansino mencionar, se lo conocía como Dave el Racista."

Simon Wroe, El chef.

lunes, 17 de noviembre de 2014

La pareja ideal





"Ella se enteró por su mejor amiga.

–¡Está aquí! Ha vuelto, tía, de verdad, me lo encontré el domingo en el portal de la casa de mi madre y no me lo podía creer, está igual, tendrías…

–Pero ¿quién?

A él se lo conto su hermano, en la sobremesa de una paella dominguera y familiar.

–Pues la mujer de tu vida lleva un año divorciada, no creas.

–La mujer de mi vida… ¿Cuál?

Los dos habían sido la primera pareja del otro. Cuando se conocieron no habían acabado el bachillerato. Él tenía 15 años, ella 14, y los dos eran muy guapos, cada uno en su estilo, un tanto brusco él, un pelín cursi ella, de tal manera que sus excesos se anulaban entre sí para crear un perfecto equilibrio. Hacían tan buena pareja como si cada uno de los dos hubiera nacido sólo para enamorarse del otro, y desde luego se enamoraron, con ese amor apasionadamente radical, radicalmente ingenuo, ingenuamente apasionado, de los adolescentes.

Cuando traspasaron esa barrera seguían juntos, hasta convencidos de que seguirían estándolo toda su vida, y sin embargo, en el verano de sus 20 años, él se fue de viaje por media Europa con dos amigos, mientras ella pasaba unos días de vacaciones en el chalet que los padres de una de sus amigas tenían en la costa. Y al volver a Madrid, él no la llamó. Y al comprobar que no llamaba, llamó ella. Él sólo se puso en el tercer intento, y quedaron en su bar de siempre, donde sonaba la música de siempre, y los camareros de siempre les pusieron sus copas de siempre en su mesa de siempre. Allí rompieron de una forma más serena que civilizada, porque los dos estaban de acuerdo. Yo es que no estoy segura, dijo ella, tan cursi como de costumbre. Yo no puedo más, añadió él, aportando el adecuado contrapunto de brusquedad.

Aquella noche, sus respectivas madres no pudieron dormir, y a la mañana siguiente, en el desayuno, sus hermanos no hablaron de otra cosa. La noticia se fue extendiendo, y el asombro, la tristeza, la estupefacción de quienes les conocían fueron levantando a su alrededor un cerco tan insoportable –¿pero cómo has hecho eso?, ¿pero tú te has vuelto loca?, ¿pero no te das cuenta de que estáis hechos el uno para el otro?– que los dos tuvieron a la vez la misma idea. Ella se fue a París a terminar la carrera. Él, que la había terminado ya, se largó a Tarifa y montó un chiringuito de surferos. Después regresaron y volvieron a marcharse, se casaron y se separaron, fueron, volvieron, y de vez en cuando él se acordó de ella, ella de él, y ambos pensaban en cómo habría sido su vida si hubieran acatado aquel misterioso mandato del destino, que parecía empeñado en unirles para siempre. Los dos se arrepintieron alguna vez de haberse separado, pero olvidaron igual de deprisa ese arrepentimiento.

Y aquí están. Los amigos, los hermanos, los padres y las madres se han puesto tan pesados que han quedado a tomar una caña en el bar que ocupa ahora el local de aquel otro bar que para ellos era el de siempre. Se reconocen a la primera, sin vacilar, porque ninguno de los dos ha cambiado mucho. Al borde de los 50, él, pelo más bien largo, canoso, perpetua barba de tres días, la piel bronceada y el cuerpo flexible por el ejercicio diario, sigue siendo atractivo. Ella se ha cuidado tanto, ha hecho tanta dieta, tanto ejercicio, que a primera vista parece la misma, aunque ya no es cursi y tiene arrugas de tanto reírse.

Al encontrarse, los dos deciden que su primer amor sigue siendo una persona atractiva. Y al besarse, se emocionan un poco. Por eso los dos sienten a la vez que les están fallando los pies, como si empezaran a balancearse en el borde de un abismo, pero al final todo sale bien.

Cuando empiezan a hablar, resulta que él se ha hecho del Madrid y ella sigue siendo del Atleti. Él no ha tenido hijos, ella tiene dos. Ella pide una cerveza sin alcohol y eso él nunca ha podido entenderlo. Lo que ella no entiende es que él no vaya a votar. ¿Y sigues viviendo aquí, en el barrio? Sí, estoy encantada. Yo no podría. ¿No?, pues a mí no me gusta el campo. ¿En serio? Pues no sabes lo que te pierdes, por cierto, ¿quieres otra? No, me voy a ir ya, que tengo que hacer la comida. Ya, yo también tengo prisa, pero déjame que te invite. No. Sí, Que no, de verdad. Que sí, que me apetece mucho volver a pagarte una caña, aunque sea de mentira…

Entonces ella sonríe. Él también. Se despiden, se besan, y cada uno se va en dirección contraria. Él, incluso, corre un poco. Ella se limita a andar deprisa. Los dos tienen la misma cara de alivio."

Cause and effect